27 de enero de 2013

No lo dejes ir.

Probablemente no sea el hombre de tu vida. Es más, estoy segura de que ni siquiera se asemeja a él. Pero si al menos te puede hacer sonreír una vez al día, y pensar en él dos veces más, no lo dejes ir. Si se preocupa por ti, si te escucha, si te cuida, no lo dejes ir.

Si te hace feliz, nunca lo dejes ir.

No será eterno, pero al menos valdrá la pena.

20 de enero de 2013

Que relativa es nuestra vida. Para nosotros vivimos una eternidad, mientras para el mundo pasamos solo un segundo en comparación a la vida de nuestro planeta Tierra.

Insignificantes.

Vivamos, dejemos huella.

Haz que tu segundo valga la pena.

29 de diciembre de 2012

¿Para ti cómo sería el país más avanzado del mundo?

¿Para mí?

El país más avanzado del mundo no será aquel que tenga mejores tecnologías, ni donde todo esté más globalizado. Tampoco puede ser donde se compre mejor, ni donde haya más acumulación de gente u oportunidades de trabajo. No. El país más avanzado del mundo debería ser aquél donde no exista el racismo, donde predomine la igualdad de géneros y condiciones, donde cada uno de nosotros sea tomado por igual.

El país más avanzado será ese donde nadie se ofenda por ser llamado con adjetivos que hoy en día podemos considerar denigrativos porque no lo serán, y nadie intente faltarle el respeto a otros con dichos términos, ni de ninguna otra forma, porque todos somos iguales.

Un país... No, un mundo.

Sí. Un mundo donde todos seamos iguales. Donde existan valores. Donde haya calidad de vida. Porque todos somos iguales, todos formamos parte de la misma especie, todos somos hommo sapiens. Entre todos hacemos un todo.

Un mundo donde no importe si eres negro, blanco, amarillo, cristiano, ateo, asiático, latino, gringo, europeo, sur africano, venezolano, coreano, australiano, homosexual, heterosexual, bisexual, travesti, judío, árabe, marroquí, chino, rico, pobre, clase media, artista, cocinero, ingeniero, ambientalista, gerente, empleado, discapacitado, súper dotado, analfabeta, bilingüe, mujer, hombre, niño, adolescente, adulto, anciano, ojos azules, ojos verdes, ojos café, pelo negro, pelirrojo, castaño, rubio, flaco, gordo, barrigón, calvo, frentón, alto, bajo, pie grande, pie pequeño, más común, menos común...... Lo que sea, ¿qué importa? ¿Qué más da el tipo de música que escuchas? ¿Qué importa si tienes un carro, una casa, o si vives en una habitación alquilada? ¿Debería importar si trabajas como camarero o en una gran empresa? ¿Si tu ropa interior es de una marca conocida y no de la conchinchina? ¿O mejor aun, tus camisas y pantalones? ¿Cómo te vistes? ¿Por qué al conocer a alguien te fijas en lo que tiene y no en lo que es?

Por qué esto, por qué aquello... ¿Por qué nos importa tanto el qué dirán y las apariencias? Está tan sobrevalorado, anteponemos lo que aparentamos a lo que somos.

Nos colmamos de preguntas, cuestionamos todo, desconfiamos hasta de nuestra sangre. ¿Qué estamos haciendo mal?

Estamos rodeados de seres humanos capaces de aparentar ser alguien para encajar en un grupo. De mitómanos que se engañan a ellos mismos para que el mundo se sienta bien con ellos, y no ellos con el mundo y su persona. De gente falta de personalidad. De fotocopias idénticas. De personas capaces de juzgar apariencias sin conocer qué se encuentra debajo de esa piel. De esa historia. Estamos llenos de vacío. De soledad. De nada.

Por lo tanto, para mí el país más avanzado del mundo será aquél donde se valore al Hommo Sapiens por su calidad de ser humano, y no por la cantidad de ceros azules de su cuenta bancaria. Es triste ir a lo que ustedes denominan primer mundo (y en ese "ustedes" me encuentro yo también) y sentir que todo gira en torno al consumismo, y que importa más cuál es tu tarjeta de crédito que regalar sonrisas a desconocidos. Que la felicidad se mide por la cantidad de cosas que puedas comprar en una semana (cuando no necesitas nada de ello), y no por las carcajadas que te regalan. Y que tú le regalas a los demás.

¿Mi deseo para año nuevo? No pediré algo tan absurdo e improbable como eliminar el racismo a nivel mundial. No. Tampoco le pediré algo a algún ser divino. No. Pero sí pediré algo igual de absurdo e improbable. Con la diferencia de que se lo pediré a cada uno de ustedes: recapaciten.

Recapacita.

Piensa por ti mismo. Analiza las cosas que lees y ves, lo que escuchas, lo que dicen, lo que dices y busca tu propio punto de vista. Piensa antes de hablar. Ten criterio propio. Analiza. Sé tú mismo, no una copia más del montón. Muéstrate ante el mundo tal y como eres. No actúes por ser aceptado, haz lo que tú quieras cuando quieras, las personas que realmente valen la pena son esas que te valorarán al mostrarte tal y como eres. No te dejes llevar por el qué dirán, y mucho menos valores a la gente por sus bienes materiales, sino por lo que pueden ofrecerte y enseñarte espiritualmente. Sé amable, preocúpate por el otro. No te preocupes por problemas sin solución, y tampoco por los que sí tienen. Cuando algo tenga solución (aunque suene trillado), en vez de preocuparte, ocúpate. Escucha a tu corazón. Sé valiente. Ama. Enamórate. Entrega el alma en un beso. Y llora. Hazlo con todas tus fuerzas. Sorpréndete. No pelees, no discutas. Resuelve las cosas hablando, como si fueras un ser humano y no como un animal. No ofendas a nadie y no te dejes ofender. Da siempre el todo por el todo, proponte metas y lucha por alcanzarlas. Haz estupideces. Lee, crea cosas, utiliza tu imaginación. ¡Vive! No tienes siete vidas, tienes solo una y es sumamente corta. Deja huella, haz que valga la pena.

Entre todos podemos hacer un mundo mejor, solo debemos querer. Luchar por esto, por nosotros, por los demás, por las generaciones pasadas y las futuras.

Creemos un primer mundo donde la vida, los derechos, los deberes y los valores de cada ser humano sea lo más importante. Si cada uno pone su granito de arena, es súper posible.

Ésta es mi lucha. Y la de los que están ahora sentados conmigo en esta mesa. Y la de él, y la de ella también.

¿Y tú? ¿Qué dices? ¿Te unes?

12 de noviembre de 2012

El problema de nuestra generación.

Ocurre que a menudo nos preguntamos ¿por qué? cuando en realidad la respuesta siempre está en nosotros. Y sí, mucho se ha hablado de que ‘el cambio empieza por uno’, pero ¿sabemos qué cambiar? Quizás, la comodidad, y no en sí la pereza, sea la madre de todos nuestros vicios. El problema de nuestra generación es que se echa a la cama antes de hacerse fama. Bien lo dijo Pedro Piedra en su canción Inteligencia dormida, y parece que cada día intentáramos confirmarlo. Los planes, los proyectos, las ideas… sobran. Sin embargo, hay sequía de acciones. Lo queremos todo fácil, todo a través de contactos, todo porque lo merecemos. ¿Lo merecemos? No sé, quizás al décimo F5 que hacemos por hora, deberíamos replanteárnoslo. El problema de nuestra generación es que cree que el dinero, la fama y el amor le va a llegar por e-mail.

Bueno, pero ¿qué podemos esperar de una generación que deja a sus parejas por mensajes de Facebook? Ah, la cobardía. Qué poco sexy nos luce a veces. Seguro es más cómodo luchar detrás de una computadora, amar en 140 caracteres y cambiar el mundo subiendo la fotografía de un perrito con un mensaje en Comic Sans. Las campañas de concienciación social, cultural, política, ambiental; sobran en las redes sociales. Un me gusta aquí, un me gusta allá y fin a tanta polémica. El interés interesado. Ése con el cual pretendemos que algo nos importa —momentáneamente— sólo para que otros vean que nos importa. El problema de nuestra generación es que confunde inteligencia y éxito con títulos universitarios. Ah, las apariencias.

Citar a muchos autores en un artículo, tampoco es sinónimo de inteligencia. No se confundan. O sí, como dijo Heidegger. Sin embargo, lo más triste de nuestro caso es que nos jactamos de modernos cuando aún hay hombres que se ponen incómodos al comprar tampones y mujeres incómodas al comprar condones. La ironía, a veces, ni siquiera se toma la molestia de esconderse. Tantos doctorados en el extranjero, pero seguimos fallando en lo fundamental: el qué dirán. El problema de nuestra generación es que todavía existen mujeres que aunque saben que su novio le es infiel, creen que es peor no tener novio. Pánico escénico a la soledad. Como si detestáramos nuestra compañía.

Y tanto la detestamos que idealizar también resulta una idea genial. Claro, si podemos denunciar injusticias con favs, por qué no enamorarnos de personajes con miles de seguidores en Twitter, acostarnos con ellos y de pronto, levantarnos con personas. Ah, la realidad. Qué triste luce todo cuando nos quedamos sin Internet, y entonces, nos encontramos con la vida. El problema de nuestra generación es que se enamora de la idea de estar con una persona y no de la persona. Nos falta aterrizar. Nos falta acabar con ese espíritu hippie renacido que hace quedar mal a la Teoría de la Evolución. Pobre Darwin. Paz en su tumba.

El problema de nuestra generación es que es ésta, y no otra. Cualquiera. Tal como pensaban los de la generación anterior.

Por Alejandra Coral Mantilla, originalmente publicado en La República - Ecuador.

4 de noviembre de 2012

Café.

Aún recuerdo esa tarde, sentados en el banco cerca de mi casa hablando de trivialidades de poca importancia que nos unirían a lo largo del tiempo. Fue hace poco más de dos años... Y entre una cosa y otra empezamos a hablar de nuestros gustos y, me preguntaste por mi color favorito, ¿te acuerdas? 

Me quedé viéndote como aquél que no quiere la cosa, meditando exactamente cuál era mi respuesta... En ese momento me di cuenta que yo todavía tampoco la sabía. Resultaba una pregunta sumamente sencilla con una respuesta mucho más compleja. 

Un cambio. Un cambio agradable. Entonces pasó. Tu mirada, llena de expectativa, mientras yo jugaba con tu pelo y algo me decía que mi color favorito iba a cambiar por el resto de nuestras vidas. Ahí estaba la respuesta, frente a mí, en esos ojos sinceros: el café, dije por fin. Y aunque te sorprendió mi respuesta, pues era un color poco común, nunca me has preguntado por qué, simplemente te limitaste a decir que el tuyo era el rojo. El rojo carmín. El rojo fuego. El rojo pasión. Como el que siempre llevabas en los labios. Y me regalaste una sonrisa envuelta en tu color, de esas que aun hoy me hacen perder la cabeza. Tan romántica como siempre, tan fresca, tan espontánea.

Nunca sabré por qué tardé tanto en contestar, cómo no lo supe desde antes. Ese tiene que ser mi color favorito, es la única explicación para que cada día me despierte cinco minutos antes de tú, solo para verlos despertar junto a mi pecho. Decirle hola al nuevo día, y acercarse con una sonrisa.

El día que tu mirada me falte, no sé qué podrá ser de mí.

18 de octubre de 2012

Te vas a enamorar.

Puedo parecer encantadora, todo me sorprende y eso te va a hacer sentir ganas de compartir tu vida conmigo. Soy buena escuchando y nunca paro de hablar, tengo un par de ojos que no vas a querer dejar de mirar. Soy frágil, y a veces lloro, seguramente me vas a querer abrazar. 

Te vas a enamorar. 

Parezco feliz hasta cuando me enojo, fácilmente me sonrojo. Cuando estoy nerviosa muerdo mi labio inferior, y también cuando no lo estoy. Soy tan libre que me vas a querer atrapar, pero víctima de mi escapismo no me voy a quedar. No sé amar.

Sabes, a veces siento que soy como un cristal, estoy rota y si me tocas, te puedes cortar.

8 de octubre de 2012

Venezuela perdió una batalla, más no la guerra.

     Hace tres meses un hombre empezó una lucha por mi país. Una pelea limpia, sin insultos ni faltas de respeto, una pelea para sacar un país adelante. Mi país. Una tierra hermosa, llena de personas conformistas e ignorantes, de ricos y pobres, de gente llena de odio y corrupción. Personas que hipócritamente aseguran amar a su patria, pero no hacen nada para sacarla adelante, para crecer como país y como ciudadanos del mundo.


     Hace tres meses un hombre fue repartiendo esperanzas a los venezolanos que desde hacía muchos años exigían un cambio. Fue casa por casa, pueblo por pueblo ofreciéndonos esperanzas para un país mejor, un país de todos y de cada uno de nosotros, un país unido y lleno de progresos. Un país que con mucho esfuerzo y dedicación, entre todos iríamos sacando adelante. Con un proyecto prometedor que se comprometía a atacar cada debilidad que poseemos actualmente, para que Venezuela diera lo mejor de sí.


     Muchos nos unimos a esa lucha, muchos jóvenes nos pintamos la cara de esperanza y mano a mano nos esforzamos en poner nuestro granito de arena. Confiamos en este hombre y contribuimos con pequeños detalles que para nosotros marcarían la diferencia.


     Al país completo se le ofrecieron dos alternativas, dos frentes con dos hombres con visiones similares y completamente diferentes de cómo gobernar un país como el nuestro. El primer hombre (nuestro presidente actual y presidente del país desde hace catorce años) ofreció más promesas a nuestro pueblo, las cuales se pueden sumar a la lista de promesas que aún, catorce años después, no se han cumplido. Dio discursos llenos de odio e insultos hacía aquellos que no estaban con él, y lamentablemente nos ofreció más de lo mismo. El segundo hombre es aquél del que hablé al principio de la historia, nos ofreció un camino, nos ofreció progreso, y nos ofreció un libro de promesas y esperanzas que todos esperábamos no se quedaran solo en palabras.


     Ayer fue el día decisivo. Ayer fueron las elecciones presidenciales de Venezuela, en las que se decidiría el futuro presidente de la República por los próximos seis años.


     No me enfrascaré en puntos que se escapan de mis manos. No me interesa ya si realmente hubo fraude o no, si hubo trampa, si invirtieron los resultados, si hay votos desaparecidos, si nos engañaron, si se compraron los votos…. Ya nada de eso importa. El pueblo habló y tomó una decisión.


     El 54% de los venezolanos, eligieron al primer hombre, eligieron democráticamente darle el poder al mismo ciudadano por seis años más, lo cual se convierte en veinte largos años a la cabeza de un país. El otro 47% eligió al segundo hombre, intentaron darle la oportunidad a un nuevo ciudadano de dirigir a su pueblo.


     Yo no voto. Soy menor de edad, pero tengo tres años participando y colaborando con Voto Joven (un movimiento de jóvenes de todo el país que cree que el voto es tu llave, y lucha para tener unas elecciones transparentes), en todo lo que me ha sido posible. No voto, pero yo formo parte de ese 47% que cree en el cambio. Yo formo parte de todos esos jóvenes que reclama su derecho de conocer otro presidente para su país. Estoy sumamente agradecida con todas esas personas que salieron a ejercer su derecho al voto para escoger no solo su futuro, sino también el nuestro, el de esta nueva generación. Hoy me pregunto, ¿qué clase de democracia es tener al mismo mandatario en el poder por más de diez años? El mismo Simón Bolívar (a quien tanto nuestro presidente alaba) lo dijo, no es sano. Los llamo a que reflexionen este punto.


     Hoy los he escuchado quejarse de la otra mitad del país que no piensa igual que tú. He escuchado a los chavistas faltarnos el respeto, igual que han hecho los opositores. Esta mañana leí un comentario que me dejó pensando, decía algo sobre que “a los majunches” los mueve el odio y que es por ello que ahora tendríamos que tragarnos todas nuestras palabras. Por favor, piensen lo que dicen antes de hablar, ¿a los antichavistas nos mueve el odio? ¿Han escuchado los discursos del presidente, llenos de insultos y odio hacía casi la mitad del país, y a veces hacía sus seguidores mismos? ¿Me han visto faltarle el respeto a algún chavista o al mismo Chávez? ¿Si? A mí y a la mayoría de los opositores lo único que nos mueve es el cambio y el deseo de tener una Venezuela mejor. El deseo de conocer otro gobierno para nuestro país y nuestra memoria. Y si alguna vez he maldecido algo, ha sido la decisión que tomaron anoche.


     Yo sí voy a felicitar a todos los venezolanos que ayer votaron por Chávez, porque por si no se dieron cuenta escogieron seguir viviendo con apagones, inseguridad, falta de vías, falta de mantenimiento de las calles y de aseo urbano, expropiaciones y falta de educación realmente igualitaria. Ustedes votaron por esto, por seguir viviendo con miedo. Votaron porque sus madres se trasnochen cada vez que ustedes salen. Votaron por el hampa. Después lloran cuando se meten en sus casas y les roban sus pertenencias, que muchas veces consiguieron con esfuerzo y sudor. Lloran cuando el hampa les quita a algún ser querido, y salen con miedo de que los amenacen con quitarle la vida por algo tan sobrevalorado como un celular, o peor aun, que realmente les quiten la vida por ello. Pueden abstenerse de quejarse y hasta de volver a llorar por la falta de competencia del gobierno.


     Les doy las gracias a esos siete millones setecientos treinta y un mil novecientos setenta y dos (7.731.972) venezolanos por hacer que en nuestro país cada vez hayan más despedidas, y no solo por aquellos que se van del país en busca de una mejor calidad de vida, sino además por todos aquellos que el hampa se llevó a una supuesta mejor vida. Gracias por las lágrimas de nuestras madres y por las nuestras mismas.


     Yo seguiré luchando por un país mejor. Porque yo sí amo Venezuela, y más allá de que apoye a Capriles o a cualquier otro, lo hago con fundamentos. No creo que él sea un mesías, como se han referido a él varias veces de manera despectiva, simplemente él es el primer hombre que después de catorce años nos ofreció una verdadera alternativa con un buen plan de gobierno. Espero que nadie haya votado por él solo por salir del presidente actual, pues debemos aprender de nuestros errores pasados, y eso sería cometer el mismo error que hicieron nuestros padres al elegir este gobierno solo para salir de Caldera, sin analizar a fondo su propuesta. Yo apoyo a Capriles porque después de 14 años nos dio esperanzas, algo que hacía mucho, casi todos los opositores, habíamos perdido. Capriles me hizo imaginarme un país mejor, el país por el que tengo tres años luchando y soñando, y por el que seguiré luchando... Él no nos defraudó, y nosotros a él tampoco. El problema va mucho más allá.


Perdimos una batalla, más no la guerra. Venezuela se despertó triste, silenciosa, porque anoche el hampa volvió a matar. Mató las esperanzas de seis millones trescientos veintisiete mil cuatrocientos veintinueve (6.327.429) venezolanos. Nos pintamos la cara color esperanza, y con lágrimas se me borró. Mataron las esperanzas que teníamos puestas en el ayer, en el 7O, pero no mataron a Venezuela. Mañana será un nuevo día, llegó el momento de que todos mejoremos como venezolanos y dejemos de faltarnos el respeto por no tener la misma ideología política. Vamos Venezuela, en diciembre nos espera otra batalla que es igual de importante (y ahora aun más) de lo que fue esta. Agarren sus gorras tricolor y sigamos adelante. Ya nos enseñaron que hay un camino, que sí existe y sigue ahí, es nuestro turno de recorrerlo.