3 de noviembre de 2017

De comienzos y vueltas a empezar

Yo lo que siempre quise fue ser la golfa de Extremoduro en vez de la princesa de su cuento, y mírame ahora, sentada, con la lencería bajo la ropa, esperando que suene el teléfono y seas tú diciendo que vienes en camino. Pero no llamas. 

Tienes la risa más bonita y más tímida que había visto nunca. Y con esos ojos de yo-no-fui me desnudaste tantas veces para amanecer en mis sábanas mientras tu mano jugaba a pintar formas en mi espalda. Me desperté y encontré tu cara junto a la mía con una sonrisa preciosa y un lente que continuaba capturando cada detalle. 


 Me encontraste rota, 
ahogada en pastillas, 
y me hiciste sonreír 
como si nunca 


me hubiesen quebrado 

Todavía quisiera decir(te) que si no me drogo, no siento nada, pero sería mentira y sabes que yo no sé mentir. Contigo he sentido en partes donde no sabía que era posible y al corazón de repuesto le ha dado por volver a latir.

Mi madre ha dejado de sonreír cuando le he dicho que ahora voy y vengo en moto, luego ha visto mis ganas de comerme el mundo con el casco bajo el brazo y ha soltado una carcajada. Me ha dicho que no cambio, que no paro hasta tener lo que quiero y por eso sigo siendo feliz. Me pinté los labios de rojo carmín y salí a comerme el mundo — en tu boca —. 

Ha sonado el teléfono. Un mensaje tuyo diciendo que vienes en camino, y yo con el peta en la mano y el corazón en las tuyas. 

22 de octubre de 2017

Ensayo: El exilio en tiempos de Peste

“Nada en el mundo merece que se aparte uno de los que ama. Y sin embargo, yo también me aparto sin saber por qué” (Rambert, cap. 4).
La Peste, Albert Camus.


Estamos acostumbrados a entender el exilio como una pena que obliga a un individuo a salir de un territorio, sin embargo, los ciudadanos de Orán experimentan el exilio como una pena que les cuarta la libertad de salir de su ciudad y los aísla del exterior.


Desde el primer instante en el que cierran la localidad, los ciudadanos se ven exiliados del mundo, presos en las fronteras de Orán, en algunos casos apartados de sus seres amados. Se sienten abandonados a su suerte, condenados a una pena de muerte en una ciudad apestada.

En cambio, algunos pocos afortunados se encuentran del otro lado del exilio, ganando de antemano la primera apuesta contra la muerte. Pero no por esto se sienten más aliviados que sus conciudadanos, igual que a ellos, también los invade el vacío que deja la ausencia de los seres amados.

¿Qué significa realmente el exilio cuando no puedes volver a ver a los que amas? ¿Cuando te ves cruelmente separado? Los oraneses no solo fueron privados de la compañía de aquellos que se encontraban fuera de la ciudad, sino además, también fueron privados de escuchar su voz, de sentir su calor a través de las palabras. Cuando no sabes si volverás a ver a alguien en algún momento de tu vida, la existencia pareciera perder sentido, y en ese momento el exilio se torna insoportable.

Pero en situaciones de vida o muerte, el amor suele tomar caminos desesperados. Resulta igual de comprensible la resignación de la separación que el rencuentro del viejo Castel y su mujer: Una vez adviertes que vivir separado de la persona que amas sería igual a morir infectado por la peste, ¿cómo no arriesgar la vida para reencontrarse? Esta decisión es tan o más comprensible que concretar un matrimonio con la muerte acechando.

Del mismo modo, resignarse a la separación es también una decisión complicada. Ciertamente, para los que se encuentran fuera significa aferrarse a la probabilidad de vivir aun cuando desconozcan si volverán a ver a aquellos que aman, a aquellos que han quedado atrás. Pero los que permanecen en Orán lo hacen como prisioneros, llenos de coraje terminan por aceptar la separación como una madre que se aparta de su hijo para ofrecerle un futuro mejor. La angustia y el desaliento no perdona a ningún alma, invade a todos por igual.


¿Y qué sería entonces el exilio en Orán para un visitante sorprendido por la peste? ¿Es Rambert más exiliado que los oraneses? Para un extranjero, encontrarse prisionero en una ciudad que le es ajena, rodeado de caras desconocidas y un pasado no compartido hace que la separación luzca todavía más injusta. ¿Se puede ser realmente extranjero al encontrarse unido al resto por la epidemia?

Rambert intensifica el sentimiento de separación, se siente abandonado por la vida y echa de menos todos los detalles de su cotidianidad. Simplemente, se encuentra invadido por la sensación de desencaje. Sin embargo, no es más foráneo que el resto de sus conciudadanos ya que ahora comparten el mismo dolor que acompaña al exilio y la ausencia: Este se convierte en su único sentido de pertenencia a una tierra anónima para él. Esta sensación termina por ofrecerle la determinación necesaria para unirse a los grupos sanitarios y combatir la enfermedad, y finalmente, contra todo pronóstico, quedarse en Orán. Es así, que sin saber exactamente por qué, Rambert eligió luchar a pesar del riesgo latente de no volver a París nunca más.


Por su parte, cada uno de los sujetos que se ven obligados a cumplir cuarentena luego de que un familiar fuese infectado por la enfermedad, también sufren un exilio propio individual. Durante cuarenta días no solo se encuentran aislados del resto del país, sino que también se encuentran aislados de sus conciudadanos. Durante cuarenta días deben convivir consigo mismos a sabiendas que afuera sigue muriendo la gente, a sabiendas que alguien a quien aman está muriendo, o probablemente, ya ha muerto. Deben enfrentarse a la soledad y a la angustia de no saber si al cumplirse el plazo volverán a ver al resto de los miembros de su familia, o si por el contrario, alguno habrá también contraído la enfermedad.

Con la infección de Jacques, el señor y la señora Othon se enfrentan al exilio individual: la cuarentena. Se enfrentan al dolor de la pérdida de un hijo, a la ansiedad de no saber si al salir su pareja habrá sido infectada o no; y al mismo tiempo, a la esperanza de que su hijo no haya sufrido, a la esperanza de rencontrarse, a la esperanza de combatir la peste. La desesperación y el desconcierto ante la vida se intensifican.


El exilio indefinido, por lo tanto, no solo afecta a los oraneses como conciudadanos y a su condición individual, sino que también ataca la moral. En tiempos de peste, como en tiempos de guerra, es comprensible y hasta natural el ensanchamiento de la moral. Las normas se convierten en un sinsentido, en la lucha por aferrarse a la vida se encuentra el deseo de intensificar cada momento y vivir cada día como si fuese el último, pues ciertamente podría serlo. El individuo termina por separarse de la ética, de la moral, por perder el pudor y dejar las hormonas a flor de piel; por lo tanto el hombre se aleja inevitablemente de la humanidad tal y como la conocía antes del exilio.


No obstante, también esconde la esperanza. Las mentes sueñan e imaginan un rencuentro, apuestan la duración de la epidemia, se aferran a la idea de no ser infectados, de ser un sobreviviente, de volverse a ver. A medida que avanza la enfermedad en Orán, poco a poco los conciudadanos se unen para luchar contra ella, para escapar lo más pronto posible del abandono impuesto. A pesar del dolor que acompaña el encarcelamiento, las mentes luchan y se aferran a la vida. El deseo de vivir se intensifica al percibir a la muerte tan cerca, acechante y sigilosa.

En tiempos de peste, la esperanza es lo último que se pierde; aunque parezca que el exilio solo puede anular el porvenir, las almas se aferran, los sueños luchan para existir y en ese momento los hombres se ven obligados a buscar su camino para combatir la enfermedad. Para seguir subsistiendo.



El exilio es, a fin de cuentas, la privación de la libertad, la separación de dos almas que se aman, la inhabilitación del porvenir. El exilio envuelve el dolor de la pérdida, la angustia, la desesperación, el desconcierto. Pero aún ante el exilio, la esperanza sigue vigente. 

17 de octubre de 2017

"Qué inoportuno fue decirte me tengo que largar, pero qué bien estoy ahora"

Las canciones más tristes de mi vida parecen más alegres si las escucho en la ducha, si las canto como si supiese cantar. Ya no he vuelto a llorar con tu recuerdo, ni siquiera te he vuelto a ver en sueños; me parece la cosa más extraña del mundo.

He entendido que no te extraño a ti, extraño todo lo que prometiste que podías darme, pero nunca me diste. He estado tanto tiempo enamorada de alguien que no existe, que haberme dado cuenta me ha regalado una tranquilidad indescriptible. Ojalá hubieses sido él, aunque no. 

Un amigo me dijo el día después de ese día que el desamor es una cosa terrible, porque nadie lo quiere, pero es necesario para aprender. Nadie enseña tan bien como el dolor. 

La otra noche al salir del teatro vi tu carro junto al mío en el estacionamiento, pero no estabas conmigo. Estabas en ese lugar que tanto me gustaba, a la hora que siempre quería ir, sin mí cuando a mí me inventabas excusas sobre por qué no. 

Quisiera pedirte que vuelvas, quisiera llorar tu ausencia, emborracharme y llamarte a las tantas de la madrugada porque estoy sola y triste y te necesito porque esta noche sería nuestro aniversario si nuestra historia no hubiese acabado. Quisiera ser esa niña enamorada que piensa que se va a morir, pero no se muere. Quisiera tanto ser ella. 

La verdad es que no lo soy.  

No sé de donde saqué el impulso para irme, pero me fui. Te quise, espero siempre lo recuerdes; pero ya no. 

Y ahora, una canción.

9 de octubre de 2017

Sadness

"nightswimming deserves a quiet night." anto and the stars by Fabio Leone.No me gusta estar triste. La tristeza, a veces, se convierte en el lugar oscuro que te consume la luz hasta que solo quedan sombras y oscuridad, y yo le tengo miedo a la oscuridad.

A veces, si tenemos mucho tiempo tristes, nos vemos como las personas tristes que somos -en las que nos convertimos-. Dejamos de disfrutar, las palabras se nos deshacen en la boca temerosas de salir, y la sonrisa se nos transforma en una mueca. 

Entonces uno solo se aferra a que al día siguiente serás feliz y el agua habrá traído la luz. Te despiertas por la mañana, te bañas, te arreglas bonita e intentas sonreír: pero así no funciona. 

Bajo el vestido y el labial, persisten las sombras -en tu interior-. 

17 de agosto de 2017

"Tú eras la pareja de mi vida"




Tengo el corazón roto en mil pedazos. Una vez dije que amoricida era el suicidio de enamorarse sabiendo que un día te mataría. Sin duda, me convertí en mi amoricida favorita, pero sigo creyendo que tú eres él. 

Desde que estaba en el colegio he creído que el amor es la fe que mueve el mundo. Algunos dicen que es la religión la que hace milagros, para mí es el amor, el señor que todo lo puede. Igual no me hagas ni puto caso. 

Hay heridas que no sanan, pero aprendemos a vivir con ellas. Algunas las mostramos, como cicatrices dolorosas con orgullo; otras las escondemos pero con los años cada vez duelen menos.

Tengo días viendo una serie preciosa, no sé si disfruto más la cámara o los guiones, pero al menos me ayuda a no pensar en mi propia vida. Me ayuda a no ver mi dolor, que está allí y se muestra en forma de lágrimas durante los 15 segundos que tarda en ponerse el próximo episodio. 

Te dije tantas veces que me rompías el corazón y al final me entendí que yo soy esa señora le dice a su amigo después de 40 años sin verlo que habría preferido que él le rompiese el corazón durante toda su vida a estar con alguien que nunca se lo partió. 

El amor es una cosa inexplicable que no podemos ver pero sentimos, pero cuando los sentimientos te hacen sentir el vacío en el estómago y en el corazón es preferible volver a doblar la apuesta.

15 de agosto de 2017

De mi insomnio para ustedes

A veces no puedes dormir porque los recuerdos se esconden debajo de la almohada, y te cortan al recostarte en ella. Otras veces -hoy- no puedes dormir porque los miedos se te clavan como recuerdos cuando te metes en la cama. 

Hace dos años me prometí a mi misma contarme los momentos felices, para recordarlos siempre. Funciona como antídoto ante las cosas malas del mundo, ante la vida y su karma. 

Hay días en los que el rencor te nubla el pensamiento. Hay días fríos como hoy, días tristes, pero si los miras bien, con cuidado, hay momentos felices entremedio. 

Hoy conté al menos cuatro. 

Después me di cuenta que yo soy la única responsable de la mierda de mi vida y tomé las riendas. Me comí mi orgullo y me disculpé por mis errores. Los acepté, los abracé y los encerré en un baúl. 

Mis miedos me sacudieron la noche. Recordé que a veces, cuando el silencio hace ruido, aparecen personas que llenan los vacíos con su compañía y te remplazan sin que nadie lo note, hasta que es demasiado tarde. 

Tomé las riendas y decidí que esa no sería la historia de nuestro futuro. 

Aún así, otro miedo perfora la almohada, pero sobre ese no puedo hacer nada. Tomé una moneda y la lancé al aire, todavía no ha caigo, pero cuando lo haga el destino habrá decidido por mí. 

Con un poco de suerte, será sello, y te quedarás a mi lado para escribir la historia de nuestras vidas juntos. Pero ya saben, la vida es una puta y el karma disfruta no poner la suerte de tu lado. 

Pero los jueves de pizza, cerveza y Netflix siempre quedarán, como una bonita canción, como un Ávila tatuada en el pie izquierdo, como una película de los años 60 a todo color. 

Ahora es mi turno de ganarle la batalla al insomnio, de creerme bonita para sentirme, de contar ovejas hasta caer en un sueño profundo donde somos felices y no nos transformamos en nuestros propios enemigos. Ojalá esta vez, la suerte me acompañe.


No te vayas.

"When it hurts you know it's real" || Rose Thorns (Macro) - Russell Tomlin

Quiero que sepas que aún con mi espinas, te amo. 

Que quiero que me abraces aunque te duela, que quiero que me ames aunque te cortes, que necesito que te quedes aunque te haga daño, porque con este corazón que tengo, te amo.

14 de agosto de 2017

Los sueños solo son otra mentira

Incluso antes de verte aquella tarde de café había imaginado un futuro precioso para nosotros. Había soñado con el día que nos fuésemos a otro país, donde pudiésemos salir a tomar y beber hasta regresar borrachos, a casa, e hiciéramos el amor sobre el sofá. 

Había imaginado nuestra vida en un apartamento pequeño donde apenas habría espacio para nosotros pero que nos encantaría porque es nuestro. Había imaginado nuestras tardes los jueves en el bar debajo de casa, con una caña, riéndonos porque hay costumbres que nunca cambian, y después, a medianoche, todavía nos tendríamos el uno al otro. 

Cuando ya eras parte de mi vida, y no solo un sueño, también imaginé un futuro. Imaginé que aprendíamos del pasado, que aprendíamos a aceptar nuestros errores y sanábamos. Una vez soñé que nos curábamos las cicatrices con agua de besos y el futuro era precioso. Teníamos una carpa blanca donde ser felices y una casa con vista a la playa en cualquier otro lugar del mundo donde cenar con amigos y vino. 

Anoche soñé que éramos capaces, que el amor era todo lo que se necesitaba, que nuestro egoísmo se daba por vencido y trazábamos el mismo camino. Me desperté a las 3:57 sabiendo que todo era una mentira, un sueño de una niña tonta que no distingue sus sueños de la realidad. 

Me volví a dormir, bañada en lágrimas, pero esta vez no soñé. Todos los sueños se esfumaron como una mentira que se sabe delatada.