La ciudad. Esa que amanece azul y se torna gris, para volver a ser azul y en medio del calor de los rayos del Sol empaparte sin piedad. La ciudad. Esa en la que puedes correr a 120 kilómetros por hora para obligarte a frenar en seco y desperdiciar una hora atascada en el tráfico. La ciudad de los contrastes. Nada más rutinario que saludar al mesonero por su nombre y sentarte a esperar que te traiga la misma comida de todos los lunes: sopa, pasta y té negro con limón. El cansancio de la repetición y al mismo tiempo el disfrute de lo conocido. La calle ya no se abarrota de gente, pero los transeúntes caminan con prisa y caras amargas. Pero tú escribirás, seguramente escribirás mucho antes de irte. Querrás perderte en librerías, museos y arte cada mañana pero no tendrás tiempo ni de abrir las páginas de esa novela que paseas en la cartera desde hace semanas. Y cada mañana, en medio del tráfico, te pintarás los labios de un color llamativo que muestre que dentro de ti vive una persona con ganas de comerse el mundo. En ocasiones la soledad se llena de esos instantes en los que vivimos sin darnos cuenta. Eso es la vida, y quien diga lo contrario es un mentiroso, y lo sabe.
16 de junio de 2018
6 de junio de 2018
Irse
Entre susurros te dices a ti mismo que cualquier ciudad que no sea esta te hará volver a ser, ¿volver a ser qué? Te preguntas mientras ves el cielo nublado y las calles vacías.
Dices que cualquier paisaje es mejor que la montaña llena de ansiedad y las largas filas que esperan para coger el autobús. Crees que el futuro vendrá por ti para hacerte feliz. Vendrá y te llevará.
Yo solo puedo vivir con intensidad, con todos los tonos sobresaturados y a veces necesito atraparlo todo. ¿Y qué hay del vacío, de la ausencia? ¿Puedes?
Dices que seré feliz, que bailaré con tu recuerdo, que no extrañarás estos ojos verdes que te veían como si fueses lo más lindo que ha nacido nunca. Digo. No te mientas más.
2 de junio de 2018
Espirales
La ansiedad se adueñó de mi alma esta tarde. Me acuesto en mi cama y me convierto en una bolita que solo cuenta los minutos para que acabe el día. Sin cigarros ni alcohol. Respirar es difícil cuando tu corazón no sabe cómo seguir latiendo. Sin motivos. Motivoless. Es la tercera vez que me pongo a escribir esta noche. Nada tiene sentido, así que vuelvo a borrar. Como un escritor que arranca la hoja y vuelve a empezar de nuevo. El vacío infinito que intenta llenarse de palabras. Con la nostalgia pegada a la suela de los zapatos mientras te sientas en el parque a esperar. Intento recordar tu mano cogiendo la mía, tus labios cuando me besabas. Ya no sé a qué sabes. Esperar el día en que vuelva a sentir la sangre caliente bajo la piel. Será que esta cama es demasiado grande para que pueda dormirme. Tal vez no estaba lista para dejar esos 20 gramos cada mañana. Sigo esperando tocarte pero todo es un sueño y esta noche es demasiado larga y sé que no vas a venir. Volver a estar viva. Pero todo se aparta y el tiempo gira en espiral y las ciudades desconocidas están demasiado lejos. Ponerme mi vestido favorito con unos zapatos cómodos y salir a comerme el mundo mientras estás a mi lado. Eso es la vida. Despertarme una mañana cantando las canciones de mi madre y sonreír porque quizás mañana sí me sienta bonita. En una vida que. tal vez, podría ser la nuestra.
31 de mayo de 2018
Silencios que tocan y muerden
Montarte en un carro sin dirección, recorrer carreteras interminables con gasolineras a los lados. Comprar un montón de ropa interior e irte sin mirar el pasado. Tenerte a ti de copiloto y cantar aquella canción de Yordano a todo pulmón. La poesía de tu escritora favorita, el cigarro en la terraza y el calor del caribe en tu piel. Recuerdas el los trenes que se van mientras decides que hacer esa madrugada en la estación. Las diapositivas de la vida que no has vivido, que nadie ha podido vivir. Y en medio de la entrevista, le vuelves a preguntar a esa señora de ojos tristes cómo era la temperatura del ambiente en el momento de la desgracia. Caminaba en busca de mí misma cuando encontré un jardín escondido dentro del portal de un edificio, un jardín que no podía alcanzar. Una mujer desnuda que camina por su propia casa vacía, imaginando dónde colocará los muebles que acaba de comprar. Y de nuevo la carretera interminable y el yesquero que al tocar el suelo genera el incendio.
17 de mayo de 2018
La protagonista del cigarro
Me preocupan los libros en la mesita de noche, la falta de tiempo, las ojeras, el cansancio. El tiempo me atormenta. A veces me pregunto dónde dejé esa versión llena de vida que no quería dormir, solo vivir. Sin duda ya no está. A veces me acuerdo de ese gato que tomaba el sol en una ventana de un edificio blanco un sábado por la mañana. Estábamos cerca de la montaña y lo veía desde la acera de enfrente apacible, sin moverse, disfrutando el calor de los rayos de luz en una mañana nublada.
A veces disfruto haciendo fotos, dejo que mis ojos me guíen para sostener el instante en el tiempo. Mi momento favorito del día son los atardeceres, AMO fotografiarlos, creo que por eso me gustaste tanto. Dentro de ti habita el atardecer más bonito del mundo. Tanto, que aunque la ciudad se haga pequeña cual jaula, tú puedes volar por ella sin miedo. Porque los trenes, como sabes, te echan de menos y tú lo disfrutas.
Como protagonista de película europea, francesa exactamente, que se pone el sombrero para volvérselo a quitar una escena más adelante. Me siento en el café con una sonrisa espontánea y ordeno una bebida caliente. Abro un libro cualquiera y, como si nadie lo esperase, aparece un joven que interrumpe la lectura y me pregunta si entendí a Camus o si quisiera vivir como él. Y sin que pasen grandes cosas pero sin que nadie en la sala pueda pestañear, llegan las palabras que anuncian el fin. Pero, ¿qué importa?
14 de mayo de 2018
La palabra por D
Lo peor son las noches solitarias, el corazón girando en espiral. El sonido del agua de la vecina de arriba, cuando se levanta de madrugada para ir al baño y te despierta. Lo peor son las mañanas, que no sabes si puedes ponerte un vestido porque el día podría convertirse en una pesadilla. El café en la mañana que ya no te preparas, la prisa, el sonido de la licuadora. Las ganas que dejaste en la cama antes de entrar al salón de clase con alguien que odia su existencia. Lo peor son las noches sin estrellas, la luna que no se ve detrás de los edificios, la ropa acumulada en la cesta de la ropa sucia. El desorden, el polvo, los platos sucios amontonados en la vajilla y que nadie los quiere limpiar. Lo que más me duele es el libro en la mesilla, que me habla del dolor de una chica en su viaje en carretera hasta que una cerilla tocó el suelo en una estación de gasolina. Lo peor es, en definitiva, la soledad de una casa en ruinas.
10 de mayo de 2018
Miradas de sal
Hablaremos de música, de las letras y la cultura. Hablaremos de mis libros favoritos, los que te compartí antes de emprender el viaje, los que odiaste. Hablaremos de las flores del cementerio, de las tradiciones, de los nervios. Te imagino despertando por las mañanas con olor a café, con las ansias del porvenir y el miedo de salir a la calle.
Hay un poema de Manuel Pujante que habla de París, el Sena y el amor; pero para nosotros es distinto: "cuando me abrazas, me cabe Caracas en el bolsillo y el Ávila en el pecho". Eso es lo que te quería enseñar. La montaña bonita de la que te hablé, su luz y sus verdes.
Solo vale la pena si somos poesía, que no es lo mismo que magia. En los poemas hay dolor y sufrimiento, pasiones infinitas, como posiblemente habrá después de nosotros. Seamos poesía.
Al acabar la primavera, llegará el verano. El calor del mar Caribe, el olor a salitre que tanto me gusta. Las carreteras descompuestas en un país destruido y descuidado, todo se confunde con el tiempo en esta ciudad llena de autos.
Los locos como tú aman el desastre y, afortunadamente, ese es mi segundo nombre. En la ciudad de los techos rojos no hay inviernos ni otoños, a veces los árboles florean y después se despluman dejando una alfombra amarilla a su paso.
5 de abril de 2018
De madrugadas sin dormir
En olor a sal me ha despertado esta noche, como un bálsamo ha limpiado mis pulmones del mal de amores. Cuando cenábamos, le he confesado a mi madre que quiero casarme frente al mar un día veintidós, y que todos los invitados tendrán que cruzar el océano para venir.
Desde la mesa se ve el atardecer, el más bonito del mundo. El Sol radiante se convierte en tornasol y está tan cerca que incluso podrías caminar sobre el agua para tocarlo. La plenitud máxima de la vida en ese instante.
Que absurdo todo esto. Apareces sin cita previa, cuál tormenta de alegrías. Te atravesaste sin invitación en mi vida y me hiciste perder la cabeza por cinco palabras bonitas. A mí, que suelo dejarme el sujetador en casa aunque no sé vivir sin poesía en mis días.
Todavía me pregunto los cuándo, los cómo y los por qué. Hasta yo sé que eso no importa. Yo también quiero vivir sin memoria o saber matar a los recuerdos. O quizás, lo único que quería era hacer el amor hasta olvidar que somos mortales.
Volveré a creer, quién sabe cuándo, quién sabe cómo ni qué, pero en que el amor lo puede todo. Porque en el fondo sé que puede tanto que ha podido con nosotros, para bien o para mal. Es el enero del verano más feliz de nuestra vida.
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