14 de febrero de 2021

La pequeña muerte un catorce de febrero.

Hoy me senté en el bar de siempre a tomarme un Aperol. Nunca es muy temprano para uno. El cielo azul anunciaba una mañana helada, y el sol en la terraza se esforzaba por mantener el cuerpo cálido. En la mesa de al frente estaba sentada una muchacha, un poco más joven que yo, con la mirada más triste del mundo. No se esforzó por llamar a la camarera y, finalmente, cuando esta se acercó, pidió un café. 


Me recordó a mí misma, meses antes, sentada en una mesa no lejana a ese mismo bar. Triste, llorando. Sin poder disfrutar mi pedido. Cuando, finalmente, pedí la cuenta, el camarero me preguntó por qué lloraba. "L'amore", le dije, sin ánimos de explicarme en un idioma que apenas comenzaba a escuchar. El corazón roto se ve igual, así no hables el mismo idioma. 


Un rato después llegó un señor mayor. Se sentó a su lado. Me conmovió el corazón el cariño con el que intentaba animarla. Fue entonces cuando la vi retirar la mirada del paseo peatonal que nos distanciaba. Momentos después entendí que la carga de un corazón roto es peor un 14 de febrero, mientras parejas pasan abrazadas en su monopatín. Posiblemente era su padre, sentado a su lado, solo para hacerle compañía. 


Ella había perdido el habla, y la sonrisa. Recordé a mi mamá diciendo que no importa lo mucho que me quiera proteger, no puede hacer nada cuando me rompen el corazón. Creo que su padre sentía lo mismo. Parece que la vida, y las ganas de vivirla, se nos escapan entre los dedos; pero, la verdad, ese dolor y esa tristeza no duran para siempre. 


Mi poeta dice que quien no haya muerto siete veces en vida, es porque no ha vivido nada. Tiene razón, ¿no? El desamor es la pequeña muerte en vida. Pero, cuando estamos enamorados, la amenaza de la muerte parece leve. Y, cuando morimos, es la ilusión de volver a amar lo que nos mantiene con vida hasta que, eventualmente, nos revive. 


Quisiera haberle dicho todo esto a la muchacha. Es muy difícil lanzar un salvavidas a un desconocido, cuando no saben cómo comunicarse. Cuando no se habla el mismo idioma. 

8 de febrero de 2021

Primer aviso

Hace años publiqué un poema que te gustó. Lo borré luego que desapareciste, se sentía como si esas líneas fuesen para ti incluso desde antes de conocerte. Ahora vuelves a mi vida y yo solo quiero escribirte. 

 
Sigo buscando ese poema que borré. Lo busco para ser yo quien te haga estar mojado, y no la lluvia. Para calarte hasta los huesos, como el frío de la nieve. 

Quisiera decirte que me quedé esperando que volvieras, pero no lo hice. Quisiera que me dijeras que saliste a mi encuentro, pero no lo hiciste. Quizás a golpe de cadera podamos olvidar todos los kilómetros que nos separan. 

Tal vez un día me prometas que te tatuaras un secreto de tu piel para la mía. Que viajaremos juntos y me dejarás ser tu musa mientras te escribo poesías. 

Siempre lo hemos sabido, juntos la vida podría salirse de control. Somos el fuego y el alcohol. Besarte nuevamente en la sala de mi piso hasta que lo nuestro se nos vaya de las manos. 
 
Enviarte por correspondencia mi ropa interior, en un sobre, a casa de tus padres. Que tal vez, todos los miedos que nos separan, son los mismos que nos acaban juntando. 

Ojalá tú no me sueñes, ojalá tú me imagines. Que de soñadores está lleno el mundo, pero de locos está vacía mi vida. Primer aviso.

10 de diciembre de 2020

Tormentos

La última noche que pasamos juntos no dejé de abrazarte y por mi cabeza pasaba todo el rato el pensamiento de que sería la última vez. Esta mañana tomé un café y me volví a sentar frente al teclado. ¿Podré alguna vez escribir un libro? Tengo ganas de gritar y tengo miedo a equivocarme, a perderme, a no volver. 

La calle donde vivo está llena de una alfombra naranja de hojas secas. Es un misterio lo bonita que es. Jugamos a ser marido y mujer pero ahora vivo con una desconocida con quien no quiero vivir. Me repito que todo es temporal. Inlcuso nosotros. 

Camino viendo a Venecia a lo lejos. Tengo miedo al futuro. Estoy lejos de todas las personas que me importan y solo me tengo a mí. Ahora sé que nunca caminaremos por estas calles como los extraños más enamorados del mundo, que nunca te tomaré de la mano en el avión ni te mostraré mi forma de viajar -aunque mi forma de comerme el mundo ya la conoces-. 

Me estoy permitiendo ser y sentir. He llorado tanto y he reído tanto, he hecho la compra y me he perdido en un pasillo lleno de promociones sin ningún orden coherente al que aferrarme, me he perdido caminando por una nueva ciudad y es el mejor sentimiento del mundo. 

Tal vez en diez años nada de esto exista y esté bajo el agua y sea el recuerdo de una ciudad que existió y se hundió. Supongo que eso me hace afortunada. Una privilegiada, me digo a mí misma. 

Contruir una vida desde las ruinas de un corazón vacío. Eso es lo que estoy haciendo ahora. Ojalá la soledad me ayude a ser más fuerte. Vivo rodeada de mar, vivo en la isla con los atardeceres más bonitos del universo. Veo el Sol ponerse cada tarde en una laguna de agua salada y teñir el cielo de naranjas y violetas. Las lágrimas son del color del mar y me refugio en canciones que me recuerdan al hogar que perdí. Es como si un torrente de tristeza se hubiera instalado en mis ojos y amenaza con quedarse a vivir; se me atragantan las palabras de tanta ausencia en los ojos. 

Creo que me quedé yo sola con los sueños que pensé que habías compartido conmigo y ahora me doy cuenta que no fue así. La vida frente al abismo. Echo todo de menos. Echo de menos a todo el mundo y me atormenta la incertidumbre de no saber si nunca más volveré a ver a alguien. Porque tuvimos la dicha y la miseria de nacer en un país que nos obliga a dejarlo y cada quien toma un destino diferente. Me atormenta el mar que no puedo sentir en la piel por el frío, la vida cuando corríamos en contra del tiempo y cada día era una día que habíamos ganado para estar juntos. 

7 de diciembre de 2020

Todo va a estar bien

Muchas veces pensé, al escuchar estas líricas, que no quería. Muchas veces pensé que estaba siendo estúpida, ¿por qué no querría? 


No quiero, no quiero, no quiero. No quiero despertar en cinco años y verme encerrado en ti. 


Creo que, siendo honestos, es el miedo que nos hace cuestionarnos constantemente. La verdad es que fuiste tú el que no quiso. Quien abrió los signos de interrogación y puso el punto y final. Pensamientos van y vienen, situaciones van y vienen, personas van y vienen. ¿Cómo no lo voy a saber? Si las estoy viviendo todas al mismo tiempo. 


Hoy tuve que detenerme en medio de la nada porque no podía seguir pedaleando mi bicicleta; me faltaba el aire. Me permití a mí misma darme un descanso, parar y sentarme. Tenemos que ser más gentiles con nosotros mismos. Una amiga me vio, se detuvo y se sentó en el suelo a mi lado. Me cuestioné. Luego ella me recordó que todos tenían dos meses pedaleando por estas calles y, en cambio yo, justo estaba comenzando a hacerlo. 


Somos un montón de desconocidos que dejamos nuestras vidas apartadas para venir a una isla a cumplir una meta compartida. Eso nos tiene que hacer algo más que desconocidos, ¿no?


La noche que le pusiste el punto y final a nuestra historia pensé que esto solo me pasaba a mí. Necesitaba un abrazo, pero me dieron unas palmaditas en la espalda acompañadas de un "todo irá bien". La verdad es que sí, todo va bien. Unas semanas después esa misma persona atravesó la misma situación. Le di un abrazo, le invité un trago y me marché. 


Todas las cosas en la vida tienen un final. Las relaciones no son la excepción. No existe un manual, algunas lo hacen antes de empezar, otras después de un reencuentro, otras ante una inminente separación. Esto es la vida. Momentos amargos que nos recuerdan que la felicidad existe, para que no olvidemos valorarla cuando la tenemos. Para que no te pase por delante y te salude, sin que vayas a por ella. 


Ríe, disfruta, y enamórate todas las veces que puedas.


Que al final, todo estará bien.

5 de diciembre de 2020

De amores, sueños y maletas

Hace algunas noches que al cerrar los ojos se me presenta la sombra de tu recuerdo. No te veo, no estás, no eres. Pero eres tú, en una energía sin rostro ni forma que se siente como tu presencia. Me he dado cuenta que ese muchacho al que conocí, que se quería comer el mundo y la sobraba energía, no fue el mismo que dejé al partir. Una oscuridad se fue posando lentamente en ti. 


Fuimos como la arena en la playa. Luchamos durante meses para acumular nuestra propia montaña de arena, pero se nos escapó entre los dedos. Ya no me reclamo a mi misma por haberme ido; nadie puede sostener la arena eternamente entre sus manos. De aquello que fuimos, ya nunca más seremos. 



Anoche estaba soñando en reencotrarme con alguien. Hacía frío y el viento sonaba como olas que reventaban contra mi ventana. Me dijo, casi como un reclamo, que yo nunca me quedaba quieta en un solo lugar. Le respondí, con la certeza de quien ya ha perdido más de un amor por ese desenfreno constante, que yo nací para ser del mundo, para explorarlo, conocer culturas, aprender idiomas, probar nuevos sabores y no parar. Me sonrió. Me dijo "tú siempre has sido así, si quiero estar contigo, tengo que aprender a moverme entre mares y paísajes". Fue un sueño bonito y dormí feliz. 


Ojalá algún día ser

esa persona por la que cruzarías océanos

solo por quedarte a su lado.


Algún día llegará esa persona que no le tenga miedo a meter su vida en una maleta y empezar, todas las veces que sea necesario, en un nuevo lugar. Mientras sea juntos. 

4 de noviembre de 2020

"Vos ama, que se joda quien le tenga miedo al amor"

"Vos ama, que se joda quien le tenga miedo el amor". Así terminaba hoy una publicación que me he tropezado en Instagram, en una de estas cuentas que te recuerdan un mensaje por cada día del calendario. Hoy también he sentido que era el primer día de mi nueva vida. Luego de varias tormentas y un par de tragedias, por fin he descansado por la noche y he sentido el sol calentar mi piel entre tanta neblina. 


Hace un mes me bajaba de un avión en Barajas... quisiera pensar que fue el primer torbellino de emociones del preludio de esta historia, pero la verdad es que todo se había comenzado a sacudir mucho antes. Sigo diciendo que la vida me ha estado metiendo una goleada, pero al despertar esta mañana he sabido que el partido había acabado y ahora es mi turno para la revancha. 


Hace una semana el suelo sacudió mi mundo como pocas veces había hecho. Lloré en los brazos de una desconocida como nunca había llorado. Desde entonces he estado pensando en escribir esta carta. Horas antes había escuchado "Solo" de Los Mesoneros y se había sentido como si nunca antes la hubiese escuchado. 


A lo mejor, te quedarás sin la razón de estar con alguien. 

Y a lo mejor, me dejarás con la razón de no estar contigo. 

A veces no quiero saber dónde, cuándo ni con quién estás. 

Entiende que yo estaré bien, a mí solo no me va tan mal. 


Horas después, esa melodía fue el preludio del adiós. Los Mesoneros siguen sonando en mi reproductor en modo ininterrumpido desde que abordé ese avión en Maiquetía. Sus letras me han acompañado en esta aventura que es emigrar. He escrito con su compañía de fondo. He caminado con su compañía de fondo. 


Quise saber la razón de por qué te marchaste así.

Te fuiste sin notificación. 

Vi las advertencias y no tuve precaución. 

Debía saber tu intención. 


Hoy monté bicicleta por primera vez en 12 años. Monté biclicleta mientras sonaba Juntos; nuevamente, con su compañía de fondo. Pensé que no podía, pero pude. Llegué a casa agotada luego de recorrer 10 kilómetros con la brisa salada en mi cara. Sí puedo. Siempre puedo, no importa lo que venga después. 


Entonces recuerda: Ama con todo tu corazón. Y manda a la mierda a cualquier cobarde que le tenga miedo al amor. 

3 de noviembre de 2020

Las sonrisas

En estos días me he encontrado sola frente al mar. Parece que solo somos él y yo. Es un lugar inmenso para estar sola. Lloro con desgarro porque quien siente, sufre; quien ama, sufre. Pero he hecho las paces con mi dolor, he aceptado que debo sentirlo y vivirlo en la misma plenitud con la que disfruto y vivo los momentos felices. Alguna vez leí que el dolor es momentáneo, que es mi enemigo y mi aliado. He perdido demasiadas cosas en poco tiempo pero aún así río cuando me consigo un gato tumbado en la pared disfrutando del calor del sol, y le saludo. El corazón es muy grande y se encoge cuando sufre, pero sigue siendo grande y sigue amando. 




Cuando camino sola de regreso a casa me gusta hablar por teléfono. La compañía es agradabe si la conversación lo es. El invierno está llegando y cada día anochece más temprano, pronto estará oscuro cuando regrese a casa y ya no podré disfrutar los atardeceres. Es lo único que me mantiene viva en este momento, esos pequeños momentos que me recuerdan que mañana siempre será otro día y que puedo vivir un día  a la vez. Sin presionarme por el mañana, sin cuestionarme a mí misma cada segundo. 


Algo bueno tenía que venir. 

Esta semana he escrito mucho. He escrito más en cinco días que en el último año. Eso me enorgullece. 

Es un rencuentro con una parte de mí que aprecio mucho y se había ido a dar una vuelta, pero que ahora ha vuelto. 


Venecia está vacía. Es impresionante ver la Plaza San Marcos sin una multitud. Esa es una pequeña victoria: al menos un gol le tenía que meter a la vida. Pero también me genera mucha angustia. Es una señal de alarma ante la incertidumbre del porvenir. Un confinamiento es difícil, pero se necesitan herramientas que no tengo para vivirlo con tanto dolor por dentro. 


Nunca sabré cómo se ven tus ojos frente al mar. Cómo se mueve tu cabello rebelde bajo la brisa marina. No me canso de caminar frente al mar pero me pregunto constantemente si los gatos se cansan de ver el mar. Cada mañana espero un rescate que me aleje del silencio y la soledad y los pensamientos cortantes. A veces llega en forma de mensaje instántaneo con una invitación a cualquier lado. "Sí" es mi nueva palabra favorita.


Los periodos sin abrazos son tan largos que a veces olvido cómo se siente que otra persona roce mi piel. Las personas son más frías y el virus los mantiene al margen. La distancia, las mascarillas. Hoy me he sorprendido al descubrir la hermosa sonrisa de una compañera. Nunca había visto su sonrisa, pero no porque no sonría, si no porque la mascarilla la mantiene oculta. Qué importantes son las sonrisas. 

1 de noviembre de 2020

Carta abierta a mí misma













A veces duele, a veces todo huele a nostalgia y la vida es una página que nos resistimos a pasar. Hay momentos que son como ese libro que no quieres terminar de leer para que no acabe, para que no pase. He vuelto a gritarle a la nostalgia para que deje de doler, pero la muy puta se ha quedado.

Los días me saben a soledad. La otra mañana me he levantado de la cama luego de pasar la noche llorando y mi compañera de piso no me hablaba porque mis sollozos no la dejaron dormir. ¿Por qué tengo que disculparme por llorar? No estoy llorando por gusto. 

Alguien me dijo una vez que cuando se siente un dolor muy grande se puede abrir un pequeño agujero en el corazón. Casi imperceptible. Los médicos no le consiguen explicación. ¿Así de poderoso es el desamor?

Extraño mi cama, que es mía. Extraño mi baño, donde puedo llorar tranquila bajo la regadera. Extraño tomarme mi café en la tasa de Picasso en el sofá de mi casa mientras la luz ilumina el salón. La felicidad no es llegar a esta habitación silente para acostarme en una cama del tamaño de una caja de fósforos y sábanas frías. 

No sé por qué escribo todo esto. No sé por qué lo publico después. Supongo que tengo ganas de hablar con alguien, de contárselo a alguien y no tengo a quien. Nunca sabrías el océano que hay dentro de mí.

Esta ansía de vivir la ciudad del amor no se cura viviéndola, se cura contigo. Este corazón sigue perdido sin saber a donde ir. He perdido personas y he ganado batallas en estos años, la ciudad que me acogió ahora quiere que aprenda a golpes pero yo no quiero aprender así. Qué injusto me resulta todo. 

Lo que más miedo me da de quedarme sola en el mundo es no tener a donde ir ni quién te espere. Ser esa desconocida que no tiene quien la abrace al llegar a casa ni un refugio íntimo para llorar. Quien no tiene a alguien que le mire deseando quedarse a su lado para siempre. 

No sé si teniendo la certeza de conocer el futuro como lo conozco ahora que es presente hubiese tomado la misma decisión. Últimamente todos me preguntan si me arrepiento de estar aquí, y la verdad es que ya no conozco la respuesta. ¿Por qué me subí en ese avión? Sé que Caracas no es una ciudad a la que puedes regresar meses después y conseguir todo en el mismo lugar en el que lo dejaste, pero valía la pena intentarlo. 


Supongo que al final siempre vale la pena intentarlo.