26 de febrero de 2013

No vuelvas más por aquí.


Aunque no me creas, aun después de todo este tiempo, te sigo queriendo. Sí, te quiero. Pero no de la misma manera. Te quiero por quien fuiste en mi vida, porque en algún momento determinado fuiste mi vida. Te quiero, por ayudarme a ser quien soy hoy, por enseñarme muchas cosas, por enseñarme a amar y a olvidar, gracias a ti soy más fuerte, me hiciste crecer, me hiciste sentir que yo sola podía contra el mundo.

Es cierto que te quiero, que te amé.

Te quiero, sin duda, porque nunca podría odiarte.

Lo significaste todo, y destruiste cada centímetro de mi alma. Te lo ruego, no regreses a mi vida ahora que aprendí a ser feliz sin ti. Que aprendí que puedo amar a alguien más. No vuelvas, porque si bien es cierto que el primer amor nunca se olvida, no es el único. Y ya aquí hiciste suficiente daño... por egoísta.

Te quiero, pero lejos de mi vida.

6 de febrero de 2013

27 de enero de 2013

Hoy son 23.

Hoy hace un año y once meses.

Hoy eres solo una cicatriz.

Hoy te amo tanto como te amé el último día.

Hoy te extraño tanto como siempre.

Hoy sigo consciente de que no volverás.

Hoy estoy triste y finjo no saber por qué.

Hoy también quiero que regreses y estés conmigo éstas próximas seis semanas...

Hoy me hace falta tu apoyo.

Hoy también necesito que hables con mi mamá y la tranquilices.

El sábado pasado también te necesité muchísimo. Hacías falta en la mesa, en la torta. 

Sigo luchando. Seguimos luchando.

Espero volver a verte algún día.

Te amo.

Te amamos.

No lo dejes ir.

Probablemente no sea el hombre de tu vida. Es más, estoy segura de que ni siquiera se asemeja a él. Pero si al menos te puede hacer sonreír una vez al día, y pensar en él dos veces más, no lo dejes ir. Si se preocupa por ti, si te escucha, si te cuida, no lo dejes ir.

Si te hace feliz, nunca lo dejes ir.

No será eterno, pero al menos valdrá la pena.

20 de enero de 2013

Que relativa es nuestra vida. Para nosotros vivimos una eternidad, mientras para el mundo pasamos solo un segundo en comparación a la vida de nuestro planeta Tierra.

Insignificantes.

Vivamos, dejemos huella.

Haz que tu segundo valga la pena.

29 de diciembre de 2012

¿Para ti cómo sería el país más avanzado del mundo?

¿Para mí?

El país más avanzado del mundo no será aquel que tenga mejores tecnologías, ni donde todo esté más globalizado. Tampoco puede ser donde se compre mejor, ni donde haya más acumulación de gente u oportunidades de trabajo. No. El país más avanzado del mundo debería ser aquél donde no exista el racismo, donde predomine la igualdad de géneros y condiciones, donde cada uno de nosotros sea tomado por igual.

El país más avanzado será ese donde nadie se ofenda por ser llamado con adjetivos que hoy en día podemos considerar denigrativos porque no lo serán, y nadie intente faltarle el respeto a otros con dichos términos, ni de ninguna otra forma, porque todos somos iguales.

Un país... No, un mundo.

Sí. Un mundo donde todos seamos iguales. Donde existan valores. Donde haya calidad de vida. Porque todos somos iguales, todos formamos parte de la misma especie, todos somos hommo sapiens. Entre todos hacemos un todo.

Un mundo donde no importe si eres negro, blanco, amarillo, cristiano, ateo, asiático, latino, gringo, europeo, sur africano, venezolano, coreano, australiano, homosexual, heterosexual, bisexual, travesti, judío, árabe, marroquí, chino, rico, pobre, clase media, artista, cocinero, ingeniero, ambientalista, gerente, empleado, discapacitado, súper dotado, analfabeta, bilingüe, mujer, hombre, niño, adolescente, adulto, anciano, ojos azules, ojos verdes, ojos café, pelo negro, pelirrojo, castaño, rubio, flaco, gordo, barrigón, calvo, frentón, alto, bajo, pie grande, pie pequeño, más común, menos común...... Lo que sea, ¿qué importa? ¿Qué más da el tipo de música que escuchas? ¿Qué importa si tienes un carro, una casa, o si vives en una habitación alquilada? ¿Debería importar si trabajas como camarero o en una gran empresa? ¿Si tu ropa interior es de una marca conocida y no de la conchinchina? ¿O mejor aun, tus camisas y pantalones? ¿Cómo te vistes? ¿Por qué al conocer a alguien te fijas en lo que tiene y no en lo que es?

Por qué esto, por qué aquello... ¿Por qué nos importa tanto el qué dirán y las apariencias? Está tan sobrevalorado, anteponemos lo que aparentamos a lo que somos.

Nos colmamos de preguntas, cuestionamos todo, desconfiamos hasta de nuestra sangre. ¿Qué estamos haciendo mal?

Estamos rodeados de seres humanos capaces de aparentar ser alguien para encajar en un grupo. De mitómanos que se engañan a ellos mismos para que el mundo se sienta bien con ellos, y no ellos con el mundo y su persona. De gente falta de personalidad. De fotocopias idénticas. De personas capaces de juzgar apariencias sin conocer qué se encuentra debajo de esa piel. De esa historia. Estamos llenos de vacío. De soledad. De nada.

Por lo tanto, para mí el país más avanzado del mundo será aquél donde se valore al Hommo Sapiens por su calidad de ser humano, y no por la cantidad de ceros azules de su cuenta bancaria. Es triste ir a lo que ustedes denominan primer mundo (y en ese "ustedes" me encuentro yo también) y sentir que todo gira en torno al consumismo, y que importa más cuál es tu tarjeta de crédito que regalar sonrisas a desconocidos. Que la felicidad se mide por la cantidad de cosas que puedas comprar en una semana (cuando no necesitas nada de ello), y no por las carcajadas que te regalan. Y que tú le regalas a los demás.

¿Mi deseo para año nuevo? No pediré algo tan absurdo e improbable como eliminar el racismo a nivel mundial. No. Tampoco le pediré algo a algún ser divino. No. Pero sí pediré algo igual de absurdo e improbable. Con la diferencia de que se lo pediré a cada uno de ustedes: recapaciten.

Recapacita.

Piensa por ti mismo. Analiza las cosas que lees y ves, lo que escuchas, lo que dicen, lo que dices y busca tu propio punto de vista. Piensa antes de hablar. Ten criterio propio. Analiza. Sé tú mismo, no una copia más del montón. Muéstrate ante el mundo tal y como eres. No actúes por ser aceptado, haz lo que tú quieras cuando quieras, las personas que realmente valen la pena son esas que te valorarán al mostrarte tal y como eres. No te dejes llevar por el qué dirán, y mucho menos valores a la gente por sus bienes materiales, sino por lo que pueden ofrecerte y enseñarte espiritualmente. Sé amable, preocúpate por el otro. No te preocupes por problemas sin solución, y tampoco por los que sí tienen. Cuando algo tenga solución (aunque suene trillado), en vez de preocuparte, ocúpate. Escucha a tu corazón. Sé valiente. Ama. Enamórate. Entrega el alma en un beso. Y llora. Hazlo con todas tus fuerzas. Sorpréndete. No pelees, no discutas. Resuelve las cosas hablando, como si fueras un ser humano y no como un animal. No ofendas a nadie y no te dejes ofender. Da siempre el todo por el todo, proponte metas y lucha por alcanzarlas. Haz estupideces. Lee, crea cosas, utiliza tu imaginación. ¡Vive! No tienes siete vidas, tienes solo una y es sumamente corta. Deja huella, haz que valga la pena.

Entre todos podemos hacer un mundo mejor, solo debemos querer. Luchar por esto, por nosotros, por los demás, por las generaciones pasadas y las futuras.

Creemos un primer mundo donde la vida, los derechos, los deberes y los valores de cada ser humano sea lo más importante. Si cada uno pone su granito de arena, es súper posible.

Ésta es mi lucha. Y la de los que están ahora sentados conmigo en esta mesa. Y la de él, y la de ella también.

¿Y tú? ¿Qué dices? ¿Te unes?

12 de noviembre de 2012

El problema de nuestra generación.

Ocurre que a menudo nos preguntamos ¿por qué? cuando en realidad la respuesta siempre está en nosotros. Y sí, mucho se ha hablado de que ‘el cambio empieza por uno’, pero ¿sabemos qué cambiar? Quizás, la comodidad, y no en sí la pereza, sea la madre de todos nuestros vicios. El problema de nuestra generación es que se echa a la cama antes de hacerse fama. Bien lo dijo Pedro Piedra en su canción Inteligencia dormida, y parece que cada día intentáramos confirmarlo. Los planes, los proyectos, las ideas… sobran. Sin embargo, hay sequía de acciones. Lo queremos todo fácil, todo a través de contactos, todo porque lo merecemos. ¿Lo merecemos? No sé, quizás al décimo F5 que hacemos por hora, deberíamos replanteárnoslo. El problema de nuestra generación es que cree que el dinero, la fama y el amor le va a llegar por e-mail.

Bueno, pero ¿qué podemos esperar de una generación que deja a sus parejas por mensajes de Facebook? Ah, la cobardía. Qué poco sexy nos luce a veces. Seguro es más cómodo luchar detrás de una computadora, amar en 140 caracteres y cambiar el mundo subiendo la fotografía de un perrito con un mensaje en Comic Sans. Las campañas de concienciación social, cultural, política, ambiental; sobran en las redes sociales. Un me gusta aquí, un me gusta allá y fin a tanta polémica. El interés interesado. Ése con el cual pretendemos que algo nos importa —momentáneamente— sólo para que otros vean que nos importa. El problema de nuestra generación es que confunde inteligencia y éxito con títulos universitarios. Ah, las apariencias.

Citar a muchos autores en un artículo, tampoco es sinónimo de inteligencia. No se confundan. O sí, como dijo Heidegger. Sin embargo, lo más triste de nuestro caso es que nos jactamos de modernos cuando aún hay hombres que se ponen incómodos al comprar tampones y mujeres incómodas al comprar condones. La ironía, a veces, ni siquiera se toma la molestia de esconderse. Tantos doctorados en el extranjero, pero seguimos fallando en lo fundamental: el qué dirán. El problema de nuestra generación es que todavía existen mujeres que aunque saben que su novio le es infiel, creen que es peor no tener novio. Pánico escénico a la soledad. Como si detestáramos nuestra compañía.

Y tanto la detestamos que idealizar también resulta una idea genial. Claro, si podemos denunciar injusticias con favs, por qué no enamorarnos de personajes con miles de seguidores en Twitter, acostarnos con ellos y de pronto, levantarnos con personas. Ah, la realidad. Qué triste luce todo cuando nos quedamos sin Internet, y entonces, nos encontramos con la vida. El problema de nuestra generación es que se enamora de la idea de estar con una persona y no de la persona. Nos falta aterrizar. Nos falta acabar con ese espíritu hippie renacido que hace quedar mal a la Teoría de la Evolución. Pobre Darwin. Paz en su tumba.

El problema de nuestra generación es que es ésta, y no otra. Cualquiera. Tal como pensaban los de la generación anterior.

Por Alejandra Coral Mantilla, originalmente publicado en La República - Ecuador.

4 de noviembre de 2012

Café.

Aún recuerdo esa tarde, sentados en el banco cerca de mi casa hablando de trivialidades de poca importancia que nos unirían a lo largo del tiempo. Fue hace poco más de dos años... Y entre una cosa y otra empezamos a hablar de nuestros gustos y, me preguntaste por mi color favorito, ¿te acuerdas? 

Me quedé viéndote como aquél que no quiere la cosa, meditando exactamente cuál era mi respuesta... En ese momento me di cuenta que yo todavía tampoco la sabía. Resultaba una pregunta sumamente sencilla con una respuesta mucho más compleja. 

Un cambio. Un cambio agradable. Entonces pasó. Tu mirada, llena de expectativa, mientras yo jugaba con tu pelo y algo me decía que mi color favorito iba a cambiar por el resto de nuestras vidas. Ahí estaba la respuesta, frente a mí, en esos ojos sinceros: el café, dije por fin. Y aunque te sorprendió mi respuesta, pues era un color poco común, nunca me has preguntado por qué, simplemente te limitaste a decir que el tuyo era el rojo. El rojo carmín. El rojo fuego. El rojo pasión. Como el que siempre llevabas en los labios. Y me regalaste una sonrisa envuelta en tu color, de esas que aun hoy me hacen perder la cabeza. Tan romántica como siempre, tan fresca, tan espontánea.

Nunca sabré por qué tardé tanto en contestar, cómo no lo supe desde antes. Ese tiene que ser mi color favorito, es la única explicación para que cada día me despierte cinco minutos antes de tú, solo para verlos despertar junto a mi pecho. Decirle hola al nuevo día, y acercarse con una sonrisa.

El día que tu mirada me falte, no sé qué podrá ser de mí.