28 de enero de 2015

Cerdos...

Fuimos directos al punto final y en muchos momentos echamos de menos el camino que nos hemos perdido. Somos niños pequeños envejecidos, libros llenos de páginas rotas, cuerpos muertos engreídos que respiran cada cierto tiempo y por eso se creen algo más. Somos con mucho la mayor estupidez que podría haber ocurrido, y además nos encanta jactarnos de ello: nos colocamos el busto frente el espejo y nos corremos del susto cada vez que alguien suelta una verdad a cambio. Con las manos oxidadas de olvido de tierra acariciamos el muro de las limitaciones y lo besamos para que todos vean que no lo dudamos ni un segundo.


En un mundo de mierda sólo los cerdos se sienten a gusto.
[Escandar].

21 de enero de 2015

El que escribe una novela

El que escribe una novela lo hace, generalmente, no porque estime que su propia vida sea novelesca, sino todo lo contrario: por un anhelo vergonzante de participar en hechos que, se figura, tuvieron esa condición. 
José Donoso

17 de enero de 2015

Viernes, 17 de enero de 2014.

Tenía pensado comenzar este día unas cuantas horas antes, te haría enfadar hasta confundirte quedándome dormida antes de medianoche. Planeaba hablarte sobre mi cumpleaños cuando en realidad por primera vez en mi vida no le habría dedicado ni un segundo, y aun así, sin decir palabra acerca del tuyo. Finalmente, cuando tu madre te lograse despertar ese 17 de enero cerca de las 7 de la mañana, revisarías el teléfono esperando encontrar aquél mensaje mío que nunca faltaba, pero en su lugar tendrías mensajes de todos tus amigos que sí lo habrían recordado. Seguramente me llamarías molesto, pero tampoco contestaría. Saldrías al colegio más malhumorado que de costumbre y un tanto preocupado por qué me habría ocurrido. Preguntándote cómo lo habría olvidado.

Te enviaría un mensaje cuando ya estés en clase diciéndote que se me habría complicado el día en la universidad, y que apenas tenga tiempo te llamaría. El mensaje no escondería ninguna felicitación. Cuando lo hayas leído ya estaría en tu casa con las llaves que me habría dejado tu hermana la tarde anterior. 

Mientras tus compañeros te cantarían cumpleaños en el patio con un milhojas que les habría pedido que te compren, yo estaría inflando globos verdes, morados y negros, y decorando tu cuarto con fotos, notas y más globos. Quedaría tan lleno que no podrías caminar por él. Tú todavía no te imaginarías lo que traería entre manos.

Cuando salgas del colegio recibirías un mensaje urgente del trabajo pidiéndote que vayas a recoger un pedido y, en vista de aun no tener noticias mías, irías. Eso me daría tiempo suficiente de terminar de arreglar la mesa y colgar una pancarta en la entrada al edificio diciendo "FELIZ CUMPLEAÑOS, MI 19".

Al llegar a tu urbanización te quedarías hablando con el vigilante, para no perder la costumbre, y sin que te dieses cuenta él me mandaría un mensaje avisándome que estás ahí; eso me daría los segundos suficientes para salir de tu casa y esconderme en la escalera.

Cuando finalmente veas tu pancarta no perderías el tiempo y subirías corriendo al apartamento porque estarías seguro de que me encontrarías allí esperándote, y al ver que está vacío me llamarías mientras vuelves a bajar a buscarme. 

Te sorprendería justo delante del ascensor, me abrazarías emocionado y se te pondrían los ojitos chiquiticos y tendrías la sonrisa más grande del universo; disfrutaríamos el delicioso almuerzo que te habría preparado, pasaríamos el resto de la tarde juntos, y al caer la noche iríamos a una reunión que te habría organizado con todos tus amigos y muchas cervezas bien frías. 

Habría sido la niña mas feliz del mundo pues habría cumplido mi promesa y te habría regalado el mejor cumpleaños que nunca había procurado darte. Y sin lugar a duda tú también habrías sido el niño más feliz.

Pero, la verdad, ese día ya no estabas conmigo. Este día tampoco estás conmigo. Quizás tu nueva princesa te haya dado el cumpleaños que yo nunca supe darte, y ni por casualidad te hayas acordado de mí. Planifiqué por meses este día y lo cambiaría todo por haberlo pasado contigo. Espero que si algún día lees esto sepas que es lo mínimo que podría haber hecho por ti en un día como hoy. Espero que alguien te haya hecho sentir especial, porque para mí eres mucho más que eso, para mí siempre serás un héroe.

Hoy cumples un día más de vida, y un día menos en la mía.

Feliz cumpleaños, mi superhéroe.
– Luu.

11 de enero de 2015

Vas a volver a empezar.

Te juro que te va a doler. Te va a hacer querer morir, vas a llorar hasta que los ojos se te salgan por las manos y gritarás en silencio. Te va a doler al punto que vas a desear nunca haber empezado nada de esto, vas a intentar no sentir, no pensar, no intentar… pero no vas a poder. 

Te va a cortar hasta lo que no tienes, te va a doler en partes que no sabías que tenías, vas a sentir que no puedes respirar, no vas a querer hablar del tema, llorarás sin darte cuenta, nada te va a hacer feliz pero vas a fingir la sonrisa para que nadie note que por dentro estás en ruinas. 

Cuando sientas que ya no puedes sufrir más va a llegar un recuerdo y te va a romper la esperanza, poco para matarte pero suficiente para hacerte desear no estar vivo, y te vas a hundir en la cama e inundarás de lágrimas tu mundo hasta que se te ahoguen los sueños y naufraguen las ganas. 

Te juro que te va a doler más de lo que crees posible y nadie te va a entender, ningún consejo va a ser bueno, nadie ha sufrido tanto como tú vas a sufrir. 

Te va a doler y no hay nada que pueda hacer por ti más que decirte que te va a doler, porque así es el amor, dulce mientras dura y después amargo, cortante, asesino, frustrante, hiriente… y el mejor error que vas a cometer en la vida. 

Te juro que te va a doler, pero cuando se te olvide el dolor, vas a volver a empezar, te lo juro.

31 de diciembre de 2014

Aprendí.

Este año me enseñó tantísimas cosas. Ahora sé que se puede caer en abismos muy profundos y no tener ganas de regresar. Se puede hablar muy fácil del invierno pero es más difícil vivirlo y, en cambio, siempre va a ser más sencillo sentir la primavera que hablar de ella. Tampoco hay días malos, sólo momentos malos que arrastramos durante todo el día. Se puede ver hacia delante y sentirte orgulloso sabiendo que lo que hubo atrás te hizo llegar aquí. Sentirse acomplejado es normal, igual que conocer gente nueva también da miedo. Aprendí que la soledad, a veces, llega a ser tu mejor compañía, y que a pesar de todo el mal que causaste y todo el daño que te han hecho, hoy sabes regalar amor. Se puede conocer a alguien y sabértelo completito de memoria, y se puede recordar a los que ya no están sin quererlos de regreso en tu vida. Es posible amar tan fuerte que te rompa. Se puede ver pasar el tiempo mientras estás en pausa. Hay dolor, angustia y desesperación, por s e p a r a d o, o todoalmismotiempo, en todo tu ser. Existen besos que cambian vidas por completo, y abrazos que reparan el alma. El 2014 me enseñó que no saber hacia dónde vas no tiene nada de malo y que en ocasiones un cigarro puede ser tu mejor amigo. Pero sobretodo aprendí que los sentimientos son los únicos que se quedan cuando las personas huyen.

27 de diciembre de 2014

Ilusión juvenil.

Dicen que la adolescencia es una etapa de la vida que cualquier persona quiere dejar atrás. Se apresuran por crecer, por madurar. Ansían convertirse en adultos para que la sociedad les confiera esa credulidad de la que careces en tu juventud. ¿Quién iba a tomarse en serio la mentalidad de un niño cargado de hormonas? Y yo me pregunto, ¿por qué no? ¿Por qué ese empeño en infravalorar nuestras decisiones? 

Somos inestables, somos inexpertos pero, ¿qué tiene eso de malo? Disfrutamos cada día como si fuera el último, llevamos nuestras sensaciones al límite. Nos ilusionamos, nos decepcionamos y volvemos a confiar. Creamos un mundo nuevo con cada amigo que hacemos. Creemos en un futuro mágico que nos hará famosos cantantes o expertos escritores. Tenemos amores de un día, de seis meses o de dos años. ¿Qué tiene eso de malo? ¿Acaso pecamos por soñar despiertos? 

O quizá es éste mundo tan jodido que al final lo único que nos quede sea eso: madurar. Convertirnos en nuestros padres y abuelos, mirar a nuestras futuras generaciones con sarcasmo cuando nos hablen de sus planes de futuro o cuestionar a sus primeros amores por el simple hecho de no tener edad suficiente para comprometerse, para conocer el significado del amor. ¿Acaso hay un requisito mínimo de edad para llegar a querer a alguien sinceramente? 

¿Llegará el día en el que me levante de la cama y vea a mi pareja sin verla, después de años de desgastada convivencia y aun así ponga en duda el frenético latir de un corazón joven enamorado? Si lo que los adultos conocen por amor es compartir cama y gastos de facturas, no creo que yo quiera ser una de ellos.

20 de diciembre de 2014

Miedo.

¿Qué sería de nosotros sin el miedo? Tal vez sin él nos arriesgaríamos más por eso que merecemos. Nos aventaríamos al vacío sin temer a la caída, los golpes, el dolor y el después de todo. 

Aunque, de tanto en tanto, el miedo resulta bueno, es nuestra alerta de que sentimos algo mínimo ante las situaciones que atravesamos. Nos detiene, nos hace pensar y nos evita cometer alguna estupidez, algún error del cual nos podamos arrepentir. Aunque igual lo cometamos. 

¿Por qué tanto miedo si equivocarnos nos sale tan bien?, digo, esos errores que se asoman mucho o poco en nuestro pasado nos hacen lo que hoy somos, y vaya si no somos buenos, o al menos somos mejores de lo que solíamos ser gracias a esas caídas y a esos "por algo pasan las cosas". 

Deberíamos aprender a disfrutar esta vida y nuestras fallas, porque al final es la única que tenemos y aunque el camino sea incierto, el desenlace es seguro. El miedo es el único indicativo de que estamos vivos y no puedo pensar en nada mejor que ello.