5 de abril de 2018

De madrugadas sin dormir

En olor a sal me ha despertado esta noche, como un bálsamo ha limpiado mis pulmones del mal de amores. Cuando cenábamos, le he confesado a mi madre que quiero casarme frente al mar un día veintidós, y que todos los invitados tendrán que cruzar el océano para venir.

Desde la mesa se ve el atardecer, el más bonito del mundo. El Sol radiante se convierte en tornasol y está tan cerca que incluso podrías caminar sobre el agua para tocarlo. La plenitud máxima de la vida en ese instante.
  
Que absurdo todo esto. Apareces sin cita previa, cuál tormenta de alegrías. Te atravesaste sin invitación en mi vida y me hiciste perder la cabeza por cinco palabras bonitas. A mí, que suelo dejarme el sujetador en casa aunque no sé vivir sin poesía en mis días. 

Todavía me pregunto los cuándo, los cómo y los por qué. Hasta yo sé que eso no importa. Yo también quiero vivir sin memoria o saber matar a los recuerdos. O quizás, lo único que quería era hacer el amor hasta olvidar que somos mortales.

Volveré a creer, quién sabe cuándo, quién sabe cómo ni qué, pero en que el amor lo puede todo. Porque en el fondo sé que puede tanto que ha podido con nosotros, para bien o para mal. Es el enero del verano más feliz de nuestra vida.

29 de marzo de 2018

Trap pa' los muertos, blues para los vivos

Somos muy de mirar si hay alguien cerca antes de enseñarnos que se me han olvidado las bragas tendidas en casa, y a ti, la vergüenza en el maletero del carro. Hazme cosas malas que he sido muy buena los últimos cinco minutos, te digo con un beso.

Mi corazón, cariño, le está guiñando el ojo a tu suerte. Y que sepas que es novedad.

No te creas, que al último al que le prometí que tenía corazón, después del quinto trago, está buscando tutoriales para cortarse las venas sin sangrar. Tú bien sabes que si quieres sigo, solo tienes que pedirme que no pare. Cómo te encantaría pedírmelo.

Si prefieres abro la boca para que me llenes de las mentiras más bonitas, y luego te pongo carita de que me las he creído todas, para que sigas como si quisiera más. Y no te detengas hasta dejarme vuelta mierda sobre tu cama.

Si me lo pides, te concedo hasta el baile de blues que le está tocando tu diablo, al mío. Sabes que miedos no tengo, que si puedo me tiro por el acantilado y lo llamo valentía, que empujé el corazón al infinito para librar a la mente y de nada valió. 

"No quiero testigos de la masacre", me digo. Que antes de cometer errores, cierro los ojos, así no me llaman a tribunales pa' que testifique.

Deja de decir que tienes cojones, que si los tuvieses, lo dejarías todo y vendrías. Que aquí, en el infierno, no hace tanto calor como dicen. "Que ya no necesito el ibuprofeno, que ya no me duele el pecho izquierdo", te repito, que estás muy guapo cuando no tienes ni puta idea de lo rota que estoy.

Mejor no te acerques, no quiero pedirte que me hagas tuya, no quiero pedirte que me des tan duro, que todo mi pasado me parezca caricias. No quiero decirte entre gemidos lo lejos que te siento cuando te tengo encima mío.

Mejor hazme callar, agárrame las manos y dime que las palabras sobran aunque no puedas dejar de leerme, a ver si así evitas que me dé por llenarte la vida de poesía. Ahora sube la música, que he puesto trap pa' sacarte a bailar como si fuese la última canción de nuestra vida. Y le des replay una y otra vez para nunca pedirte que pares.

Déjame caminar delante, que no soporto que no me mires el culo como si fuese miel. No me digas que necesitamos más motivos para ir hacia adelante. 

Y ya que estamos, si quieres, solo si tú me lo pides, suelto las pistolas que tengo en cada mano, me desabrocho la coraza, me bajo los miedos, me quito las inseguridades y te digo...

Joder, que si quieres te digo que me completas, si quieres te escribo un poema para secarte la tristeza. Que si quieres convierto el agua en ron y ahogamos nuestras penas. Que si tú quieres, joder, le echamos jabón a nuestras lágrimas y nos sentamos a ver como las burbujas se matan entre ellas. Si tú me lo pides, me corto las venas y te pinto las paredes. Que si quieres, cerramos todas las puertas que encontremos abiertas, y nos quedamos encerrados, mientras nos pasamos el peta y compartimos el aire. 

Joder, que si me lo pides te enciendo la luz y te canto con los ojos.

Que si quieres, yo, me tiro por un acantilado, a las profundidades del infinito, busco mi corazón, le quito el polvo, la mugre, el pasado, le pego los trocitos te lo envuelvo para regalo y te lo dejo en la puerta de tu casa, sin temer, si quiera, por los lobos hambrientos.

24 de marzo de 2018

Para que siempre vuelvas

Tengo escondiditas debajo de las bragas las cuatro estaciones para que me digas la que más te gusta y nos quedemos a vivir ahí. Yo no quiero ser eterna, solo quiero aguantarte la mirada -y la mierda- un rato.

Cuando tú me miras, de esa forma en la que me miras cuando el cielo te aburre, me siento la mala de esta película que nos montamos cuando no nos queremos. Para ti soy la que se declara inmortal y proclama el fin de tu mundo. Pero entonces tú, te vuelves mi superhéroe, descubres mi punto débil y me matas -para que no lo haga yo antes- a besos en el cuello.

Pero siempre resucito; resurjo de mis cenizas, para no contártelo. Porque calladita, me odias menos. Soy tan zorra cuando quiero, que ya ni recuerdo como soy cuando no quiero. Y te encanta eso.

Y entonces pronuncias mi nombre tan despacito que me separas en sílabas, me partes en dos, después en veinte, treinta y joder. Ya he perdido la cuenta. Como no pares ya con toda esta mierda, te juro que pierdo la cabeza y te hago olvidar quien eres a golpe de cadera.


Agarra mi meñique
con tu meñique.
Susúrrame que me quieres
y te pido que te quedes.


Quédate; que si quieres te descongelo el corazoncito y te dejo ver como me follo cuando tu sonrisa me folla la mente. Mi imaginación me da para encenderte incluso el porro de después.

Y ya luego, si te da la gana, pues vete.


A que te den por culo,
hijo de puta.

Pero sobretodo, vuelve. Espero que siempre lo hagas para decirte que todo era mentira. Que yo, lo que quise desde la primera vez que te vi, fue que te quedaras. 

22 de marzo de 2018

Que pase lo que tenga que pasar


El calendario no se detiene. Sigue avanzando. Ya no sé con seguridad cuál es el color de tus ojos, si son grises o verdes. No recuerdo el sabor de tus besos manchados con cervezas. El sonido de tu risa se ha mezclado con el reloj para borrar la certeza de tu sonrisa. Cómo me hubiese gustado detenerlo, cambiarlo todo y quedarme en ese bar donde una mujer preciosa cantaba boleros como si su vida colgase de ese instante. El calendario sigue avanzando, me separa de tu recuerdo y me acerca a una promesa. Vivimos el prólogo de una historia. Unas páginas breves, escuetas, rápidas. No sabemos si lo que viene después será el libro o tan solo el próximo capítulo, ¿y qué importa? Ya no somos unos críos, jugamos con armas y nos apuntamos a la yugular como si, ni siquiera las balas pudiesen convertirnos en polvo. El tiempo no se detiene, y cada minuto solo nos aproxima a la certeza del reencuentro y el desconcierto de un futuro impredecible.

11 de marzo de 2018

La apuesta está sobre la mesa

Le hablé a la ciudad de ti antes de irme, y en medio del desconcierto, la desconfianza y la ansiedad, me pidió que no olvidase que somos dos insomnes que brillamos en medio del desastre. 

Tal vez no haya cadáveres, solo un grifo abierto, una casa desordenada, una promesa por cumplir, un libro con palabras subrayadas dentro de una maleta, y otro billete de avión.

No hay soledad, solo no estás tú. Hay besos congelados y otros con otro destinatario. Una ciudad llena de vida y de ausencia. Sabemos que nos podemos llenar, pero primero debemos vaciarnos. 

No sé si quiero fotos, solo recuerdos. El mapa de tus lunares, la forma de tu sonrisa, la mirada de tus ojos que ninguna cámara podrá captar. 

Un día, casi mañana, volveré y la ciudad nos extrañará y susurrará que en esta esquina nos besamos. Seremos dos insomnes que se niegan a olvidar que un día brillaron por ese rayo que los partió en dos.

20 de febrero de 2018

Madrugadas que revelan estrellas

 Ildemaro Trias, fotografía de Caracas a la 1:30 am durante el apagón del 14 de febrero de 2018

Las ciudades de madrugada siempre me han dado ganas de salir corriendo y huir, despertar de mañana en un lugar lejano donde solo conserve el recuerdo, conocer todas las carreteras del mundo y tus ojos grises con ganas de amar. Cada reencuentro era una nueva aventura donde lo más importante era tomarnos de la mano como si con eso pudiésemos atrapar los pocos rayos del invierno. Me pasaría media vida huyendo con tal de mirar las estrellas que se esconden sobre Caracas. Volver a casa al salir el sol con los ojos llenos de vida y el corazón a prueba de bombas. Todo es más sencillo de lo que nosotros creemos: la rebeldía está en sonreír una vez al día, saber por quién luchar, mirar al cielo y abrazar la vida. Desde que regresé a la ciudad que muerde me siento como una película de ficción. 

Nado en los ríos que me sé de memoria, ya perdí el miedo a ahogarme, y soy un poco más valiente. Solo recuerdo que estoy hecha de mar, huidas y sueños; por eso sigo.

14 de febrero de 2018

Solo quiero quedarme contigo

Hay días en los que me siento perdida, donde nos imagino bailando sin ritmo en una terraza desconocida, besándonos nuevamente en una azotea con vista al mar. Azul o tal vez verde, no sé. 

La primera vez me perdí en tu mirada, mientras me rompías los esquemas de lo que creía posible -y las medias-. Nos he visto amanecer en un lugar desconocido, cumpliendo una promesa que no quería creer. Con un desayuno, y por supuesto, un café cremoso servido en una bandeja color miel. 

Sonaba el soundtrack de esa película nominada a los premios de la Academia. Tengo tantas ganas como miedo y dudas. Luchamos contra el destino y lo posible con palabras. 

A las 3 de la mañana siempre suena el teléfono y me arranca una sonrisa, para ti ya ha amanecido. Olvidamos quienes somos por un instante e imaginamos otro beso en pleno invierno. 

Olvidamos que con el tiempo todo se vuelve polvo y flores muertas. 

Qué importa. 

Renacemos en la mirada, renacemos en cada nota en la mesa de tu cuarto luego que sale el sol. "Me debes un amanecer". Y antes de largarte, tú jugabas a darme besos. Quería que te quedaras aunque después todo desapareciese. 

Siempre como si fuese el último beso, la última noche, la última mentira. Las ciudades son conocidas pero no para nosotros. Nos dan la bienvenida, algún gato blanco nos mira a lo lejos. Hemos llegado. 

Nos imagino de tantas maneras, volando sin movernos de donde estamos, cruzando fronteras, viajando como el mejor viaje que tenemos cerca. 

6 de febrero de 2018

El poema que te prometí y por fin escribí



¿Es mejor la distancia?
¿Un mar no es suficiente?
¿Un océano lo es?
¿Merece la pena la vuelta al mundo?


El mundo debería darse la vuelta
para que nos encontremos.

Pero, sabes,
ya está girando
y no nos acerca.

Qué pasa con la tristeza
cuando sobrevive a la taza de café
a las miradas a través de la ventana,
al cigarro que nunca quieres apagar,
a los bancos en salas de espera.

Qué pasa con la ansiedad
cuando se instala en la boca del estómago
y no te deja respirar
y no te deja pensar.

Las malditas despedidas
que deseases
que no existieran,
que nos desgarran el corazón
en mil pedazos.


Prefiero no hablar
de cicatrices
ni de heridos
ni de muertos

Dices que te vas
porque allá la vida llegará
y arrastrará con todo
y habrá puntos
y seguidos.


pero solo veo puntos
y comas.

Llegará la paz,
la felicidad saludará,
desde otro tejado,
solo debo bajar el ritmo
me repito


para vivir de nuevo.

Me da vértigo
la posibilidad de despedirme
en el aeropuerto
y no vuelva a ver tu mirada,
jamás.


Nadie volverá a hablar
de cicatrices
ni de heridos.

Sería mejor
no decir nada
porque prefiero la guerra,
cuerpo a cuerpo;
esta ciudad es increíble
porque tú estás en ella.


No me pidas que vuelva
sin ti.

Dices que no rompa más platos
ellos no tienen la culpa;
la paz o la distancia,
la bendita guerra.

Ya nadie habla
de cicatrices
de heridos
ni de muerte.


Aunque ya
ni tú
ni yo
vivimos,
o morimos.