22 de noviembre de 2018

Luces de noviembre

Aprendes a despertarte cada mañana y verte en el espejo. Al principio, parecían unos ojos desconocidos, pero ahora es... diferente. Unos ojos tornasol llenos de sueños que te sabes de memoria. Y sonríes. 

Las calles están llenas de desconocidos que caminan con las miradas perdidas y faltos de vida, y tú te empeñas en no ser como ellos, en luchar y mantenerte al pie del cañón para poder decir que sí, estás de puta madre. 

Abres un nuevo libro y escuchas el click de la cámara cuando intentas quedarte a vivir para siempre en un único fotograma. Ojalá seas tú quien quiera quedarse conmigo, para que entre toma y toma escribamos el guión de esta historia. 

Y en esta ciudad la luz está más bonita que nunca, la montaña se llena de tonos verdes imponentes y te cuestionas si volverás algún diciembre para disfrutarla como se lo merece. Como tú te lo mereces. Que el amor es tan etéreo que no sabes si realmente existe. 

Y te imaginas dentro de un año cogiendo trenes con una libreta entre las manos escribiendo todo lo que nunca más has de vivir, recordando y soñando mientras se derrite la crema del café. En silencio. Contigo misma. Has deseado tantas veces ser una desconocida que busca poesía entre los libros de segunda mano de algún aprendiz hasta que llegue alguien y te devuelva las ganas de golpe. 

Regresas a casa con el frío por dentro y ganas de terminarte la botella; que si hubiese un lago cerca te sentarías y desearías con todas tus fuerzas ser Anna hasta que te tropieces con la casualidad más grande de tu vida. 

Dije que quería darle la vuelta al mundo sin ti, y no mentía, 
pero ahora le estoy dando la vuelta al mundo alrededor de mí misma.

21 de octubre de 2018

Para que vuelvas


Me dejaste en el portal con la duda de si te volvería a ver alguna vez. No era una despedida de esas que te parte en dos, pero si te deja vuelto añicos con las dudas del porvenir. Como la vida, cuando nos frena sin avisar. Desde que dormí esa vez en tu pecho olvidé cómo dormir en mi cama.

Corrí por las calles de esa ciudad tan conocida mientras admiraba tus ojos en los míos, mi piel sobre tu piel, mi pelo despeinado. He subido a la azotea de ese edificio de oficinas y he creído tocar el cielo con los dedos. 

He tomado más aviones que los que creo que podría recordar y en todos te he buscado, con la camisa de cuadros y los audífonos puestos. Esperando. Por mí. Como aquella vez a las afueras de una estación de metro en pleno invierno. 

Era un sueño. 

Quisiera decirte que no hago más que extrañarte. Quisiera que lo leyeras y creyeras que no hago más que extrañarte. He vuelto a todos los bares que me prometiste que visitaríamos juntos y he bebido más de la cuenta. 

No sabes si miento.

Algo así como ese abrazo justo antes de despedirte. He decidido romper todos los relojes y arrancarme la piel. Te la he mandado en correspondencia como dice ese cantautor. Quisiera prometerte que no quiero que me duela, pero sería una mentira tan grande como la distancia que pusiste entre los dos. 

Lo único cierto es que estoy recompuesta. Que lo he arreglado, he conseguido esa pega de la que todos hablan y he vuelto a juntar los pedazos de ese corazón que dejaste hecho añicos. He vuelto a amar y a veces pensaba que no lo haría. Ya estoy lista para que lo vuelvan a romper. 

Volverás a irte y todas las canciones hablarán de ti como un extranjero que me enseñó a beberme la vida. Volveré a abrazar a la felicidad y cada noche iré al bar de la esquina y llegaré a casa sin saber quién soy ni con quien hablé. 

Regaré las flores de la casa que nunca quise, me perderé entre páginas de libros, tomaré la siesta a la hora que yo quiera y volveré a empezar la historia del corazón de pegatina. 

Espero que siempre vuelvas, te dice este corazón en ruinas. 

15 de agosto de 2018

La alegría es arena

Me desperté sudando en una cama con sábanas nuevas. Había tenido el sueño más extraño del mundo sobre miedos y decepciones. Lo que no sabía es que la arena también daba suerte, que bailar bajo la arena es aun mejor que bajo la lluvia. Dejar pasar el salitre entre los dedos mientras todo se mece y el tiempo se detiene en ese instante feliz. Con el sol sobre el rostro, la gente parece feliz. 

No estamos muertos, 
estamos más vivos que nunca

El calor tiene ese defecto, te hace olvidar a donde perteneces. Es como si nunca hubiésemos estado tan cerca el uno del otro, como si el mar trajese la esperanza del cambio, del nuevo porvenir. Es como si las bromas y el cinismo se borrasen de la historia. Dos lobos malheridos porque nunca aprendieron a querer y mientras suena la canción se lamiesen las heridas. 

Vamos a lamernos las heridas
a acabar con el dolor 
a darnos una oportunidad

Pero el mar es una fantasía. Nuestra historia solo la entienden los tejados, la ciudad del caos, el tráfico. El color dorado de la arena me sacó una sonrisa y me pidió que no me retirase todavía, porque tal vez todavía hay tiempo de romper los enigmas. 

31 de julio de 2018

La nada, las pequeñas muertes

Salem escribió un poema precioso sobre la pequeña muerte y dónde encontrarla, como "las frases que no sueltas nunca a tiempo" y la "resaca de los sueños que más temes". Tal vez el poeta tenga razón y la pequeña muerte sea no haberte preguntado si hablabas de mí detrás de los matices que pronunciabas al amor. O quizás, solo quizás, la pequeña muerte es que tú no lo hayas confesado en lugar de ofrecerme una copa de vino. 

¿Qué es la nada? Tu mano es mi espalda cada tarde, tu risa que no deja espacio para coprotagonistas, las películas en blanco y negro donde se besan en mitad de una calle vacía. Es la vida cuando camina deprisa por los días y los dejamos pasar en medio de la rutina. 

¿Cómo se vive en una casa que no huele a café ni a besos? La música a todo volumen constantemente no acalla el silencio de la soledad. La ausencia de esos ojos que miran de arriba a abajo como quien se encuentra frente a un sueño hecho realidad. Es que este día es diferente, el soundtrack son todas esas canciones de amor que no querías escuchar. 

Y este verano en el que el cielo no es azul sino gris, en el que el sol se oculta detrás de las nubes. ¿Tal vez sea el olor de la nostalgia? Que la llevamos pegada a la suela de los zapatos por donde caminamos. Miras hacia otro lado intentando conseguir algún recuerdo que te transporte a ese momento donde no te gobernaba la pequeña muerte. 

La nada, que lo era todo, llenando todo de miseria y tú mirando hacia otro lado. 

16 de julio de 2018

Podría(s)

Podría convencerte de que soy el piloto de un avión de papel. Podría venderte lo inverosímil, alquilarte lo surrealista. Puedo convencerte por las buenas o sonreírte por las malas.


Podría.

Podrías.

Pero contigo no quiero. Eres capaz de desarmarme...


y nunca es bueno quedarse sin balas.

30 de junio de 2018

Carreteras «unknown»

Quería escapar del tiempo y lo hice en una carretera de un solo canal llena de curvas. La adrenalina continua cuando te acompaña la duda de si sobrevivirás a la siguiente. Lo haces. Llegas en plena tarde al azul del salitre. Todas tus responsabilidades reviven en una sola. Y después, el terror del porvenir, la ansiedad de la duda, la seguridad del momento. A mí no me hables de ases bajo la manga. 

- ¿Existe el amor de tu vida? - te preguntas. 

Una vez, creo, 
me susurró en un sueño que me escapara con él 
- a cualquier ciudad desconocida -. 

Bailar en la cocina mientras preparo mi plato favorito y meneo la copa de vino al son de la canción. A veces espero que un día aparezcas y me digas que tienes ganas de conocer esta ciudad tomado a mi cintura. Beber una cerveza en ese bar que siempre tiene jazz, caminar por las calles de la desesperanza y enseñarle a los curiosos que se pueden borrar las primeras tres letras y seguir estando vivo. Como si siempre hubiésemos vivido escapando y sonriendo, permitiendo que lo desconocido nos llene la vida. 

Venga, que nos toca inventar el futuro.

16 de junio de 2018

La vida

La ciudad. Esa que amanece azul y se torna gris, para volver a ser azul y en medio del calor de los rayos del Sol empaparte sin piedad. La ciudad. Esa en la que puedes correr a 120 kilómetros por hora para obligarte a frenar en seco y desperdiciar una hora atascada en el tráfico. La ciudad de los contrastes. Nada más rutinario que saludar al mesonero por su nombre y sentarte a esperar que te traiga la misma comida de todos los lunes: sopa, pasta y té negro con limón. El cansancio de la repetición y al mismo tiempo el disfrute de lo conocido. La calle ya no se abarrota de gente, pero los transeúntes caminan con prisa y caras amargas. Pero tú escribirás, seguramente escribirás mucho antes de irte. Querrás perderte en librerías, museos y arte cada mañana pero no tendrás tiempo ni de abrir las páginas de esa novela que paseas en la cartera desde hace semanas. Y cada mañana, en medio del tráfico, te pintarás los labios de un color llamativo que muestre que dentro de ti vive una persona con ganas de comerse el mundo. En ocasiones la soledad se llena de esos instantes en los que vivimos sin darnos cuenta. Eso es la vida, y quien diga lo contrario es un mentiroso, y lo sabe. 

6 de junio de 2018

Irse

Entre susurros te dices a ti mismo que cualquier ciudad que no sea esta te hará volver a ser, ¿volver a ser qué? Te preguntas mientras ves el cielo nublado y las calles vacías.

Dices que cualquier paisaje es mejor que la montaña llena de ansiedad y las largas filas que esperan para coger el autobús. Crees que el futuro vendrá por ti para hacerte feliz. Vendrá y te llevará. 

Yo solo puedo vivir con intensidad, con todos los tonos sobresaturados y a veces necesito atraparlo todo. ¿Y qué hay del vacío, de la ausencia? ¿Puedes?

Dices que seré feliz, que bailaré con tu recuerdo, que no extrañarás estos ojos verdes que te veían como si fueses lo más lindo que ha nacido nunca. Digo. No te mientas más.