30 de julio de 2020

De despedidas

Eres lo más bonito que he tenido y ni siquiera te conozco bien. Eres todo lo que quiero y jamás te voy a tener. Odio al tiempo por llegar temprano, tan sin avisar, antes de lo esperado.

Odio tener que dejarte ir sabiendo que nunca vas a regresar, odio no encontrar en mí la fuerza para hacer que te quedes, para abrazarnos y enamorarnos, para crecer de la mano. Entiéndeme, no es que no te quiera, es que no puedo darme el lujo de descubrir si al final de esta historia resulta que solo nos hacemos daño.

11 de mayo de 2020

Creaciones

Y me guiñas a lo lejos cuando sabes que te miro, y me pregunto si estos instantes, mientras tocas guitarra en medio de una conversación absurdamente profunda sobre las mujeres, la vida y el amor a media noche permanecerán en mi memoria el día que seamos cenizas. 

Si hace siete meses me hubiesen dicho que estaría aquí sentada hoy con un trago de ron en la mano, hubiese pensado que todo era una locura o un mal sueño. Pero, en cambio hoy, no quisiera estar en ningún otro lugar que compartiendo un sofá individual mientras vemos a Jhonny Deep en su versión más sensual y romántica. 

¿Hasta cuándo tiene sentido escapar? ¿Pueden estar tres personas, a un metro de distancia, cada una creando una pieza diferente? ¿Acaso una pandemia tiene sentido? ¿Quiénes somos?

25 de marzo de 2020

Cuarentena

Sin cobijas me levanto de esta cama vacía, el sol lo ilumina todo en este cuarto y yo me harto de este vacío extraño. Desayuno un poco. Leo un libro, miro el cielo, en este encierro sobra el tiempo. Termina el día, cinco tragos y de regreso al mismo cuarto vacío.

23 de marzo de 2020

Huir

Recuerdo que una vez, hace muchos años, escribí que "me gustan las jaulas porque me hacen sentir segura". Cuánto ha cambiado todo desde entonces. Antes me encerraba entre mis cuatro paredes para esquivar el miedo, la ansiedad, el exterior. Hoy son esas mismas cuatro paredes las que me mantienen en un encierro impuesto e incomprensible, esas mismas ventanas las que parecen tener barrotes que antes no veía, ese mismo aire que parece intoxicarme. Lo único que sé es que sigo queriendo huir de mi propia vida. 

21 de marzo de 2020

Mi vecina

Siempre me he preguntado por qué mi vecina se quedó para siempre en esa casa desolada. Por qué nunca dejó a un marido que el día que su hermano murió, prefirió quedarse arreglando el jardín que acompañarla; por qué se quedó en casa con un hijo que le grita "mamá, eres un puto fastidio, déjanos en paz". A veces los escucho discutir en las noches, los oigo gritarse desde la cocina hasta la sala, el portón cuando se encierra en el cuarto. Y me la imagino llorando entre cuatro minúsculas paredes. ¿Por qué nos quedamos en lugares donde no nos quieren cuando todos merecemos amor? 

Otras veces me pregunto si ellos saben que los escucho cuando gritan. Cuando me la tropiezo en el ascensor, y por descuido le sonrío, trato de adivinar en sus ojos si es feliz en esa casa que seguramente llama hogar. A veces no hace falta estar solos para sentir la soledad. Otras veces, las paredes y ventanas de una casa se sienten como rejas de las que no puedes salir. 


¿Cuántas maneras tiene el maltrato 
de hacerse presente en la vida de una persona? 


Debo pensar que si yo los escucho cuando gritan, ellos también me pueden escuchar cuando peleo por teléfono, cuando grito, cuando lloro desolada en el sofá. Los dolores momentáneos no suprimen la felicidad, ¿es por eso que se queda? 

Creo que nunca tendré la valentía para entrometerme en su vida y preguntarle si, al menos una vez al día, se siente feliz. ¿Aunque sea a veces? Porque yo lo que conozco, como dice Benedetti, es su casa vista desde afuera. Pero quizás, después de los gritos, se disculpan y se vuelven a querer. Y son felices, todos juntos. Y son una familia. Tal vez por eso se queda. 

O, tal vez, ni siquiera se da cuenta. 
De lo que le falta,
de los amores a medias, 
de las no-ganas, 
de los mensajes,
de la falta de mensajes, 
del dolor inmensurable. 

19 de marzo de 2020

Tú no sabes lo que es tener el corazón roto, me dijeron.

Perfectamente sé lo que se siente tener el corazón roto. Principalmente es de lo que más jode mi vida. No solo una vez me han echado al cajón del olvido. Yo sé bien lo que es eso, que te dejen de querer de un día para otro y se marchen sin siquiera darte una explicación. Conozco de sobra qué es llorar durante largas noches y madrugadas. A mí también me prometieron el típico, sobrevalorado y ya nada creíble "por siempre". Sé lo que es perder todo lo que te quedaba de dignidad enviando un mensaje donde jamás se recibió una respuesta, o esas dos llamadas a su celular que jamás fueron contestadas.

Yo también quise insistir en reconstruir algo que ya no tenía lugar; quise esperar a ese alguien que nunca iba a regresar, quise seguir pensando en una persona, a sabiendas que sus pensamientos ya eran para alguien más; también conocí esa sensación de ahogo al enterarme de mentiras que en el fondo ya sabía y me negaba a aceptar. Sé también lo que es sentir ese enorme vacío en el corazón; yo también he releído cartas por mero masoquismo, sintiendo como con cada oración la tristeza y el dolor invadían mi cuerpo, como las lágrimas manchaban mis mejillas.

Él empezó a ser feliz cuando me desaparecí de su inmejorable y dichosa vida; por ello cuando alguien me pregunta al respecto prefiero no decir nada, porque es una pena que se enteren que yo soy la persona más fácil de olvidar de este retorcido mundo. 

2 de marzo de 2020

Y si te quiero. Y sí te quiero.

Lo lograste, me volviste a enamorar. Así tan fácil como sonríes al verme, así tan simple como dormir a tu lado. Ni cuenta me di, no sé si fue mientras bailabas o cuando me abrazaste como si fuera tu mayor tesoro. No sé si fue ayer o si fue hoy; pero lo lograste. Lo volviste a lograr. 

No dejes de lograrlo nunca. Sé mi casa, sé mis pasos, sé mi amigo y mi enemigo, sé mi fuerza, sé mis ganas, sé mi pareja, mi amigo de cama, mi cobija, mi pizza de champiñones, mi serie favorita y la música que odio. Sé mi todo.


Lo logré, me volví a enamorar de ti; así tan fácil como verte sonreír.

29 de febrero de 2020

Siéntate conmigo un rato

Aún no inventan la palabra que describa lo que es sentir tu mano contra la mía, el calor, el roce, el temblor en mi garganta. Pasar saliva sin poder hablar. 

Eres el primer sabor de un buen tinto, el recuerdo de un cálido día nublado, la lluvia que me arrulla al dormir, el vapor del té de manzanilla. La infancia de tus ojos me hipnotiza, la fuerza de los míos me delata, quiero volverme el eco de tu risa, las horas que nos faltan. 

Mi rincón favorito es la comisura de tus labios, tu voz cuando hablas cosas que no entiendo, todo lo que te ha hecho daño. Vamos a juntar nuestros cristales rotos para que brillen con la luz del día en el que no necesitemos más que ser nosotros.