2 de septiembre de 2020

Eres el amor de todas mis vidas

Llegaste a mi vida sin que te lo pidiera, sin esperarte, sin que te notara. Llegaste quedito, tranquilo y te metiste en mis ojos, en mis manos, en mis ganas, en mi cama, en mis noches, en mis pensamientos, en mis sonrisas, en mis sonrisas, en todas mis sonrisas.  
Te volviste mi mejor amigo, y estuviste ahí hasta que te volviste indispensable. Te volviste mi novio y quiero que seas mi esposo, el padre de mis hijos, el abuelo de mis nietos, el bisabuelo de los niños que nunca conoceremos. Quiero que seas él. 

Te amo, y te amo aún más porque me amas con cada defecto que tengo, y mira que tengo muchos. Porque respetas mi libertad y mi independencia y sin embargo me proteges. Te amo más de lo que jamás pensé amar a nadie incluso a mí misma y te amo para siempre. 

Yo no creo en la vida después de la vida, pero si existe, también quiero vivirla contigo. Te amo.

25 de agosto de 2020

No me voy si no vuelvo.

¿Qué hacemos con la vida cuando no cabe en una maleta? ¿Qué hacemos con los recuerdos cuando se nos escapan entre los dedos? No puedo respirar, mi mente es un torbellino constante que no puede parar. 

Todo lo que uno debe dejar. Libros, tazas, artes, sábanas, nostalgias. Frente al espejo, me repito a mi misma que la distancia física no es distancia social, pero resulta imposible de creer. ¿Qué otra prueba necesito? Mírennos a todos, después de 5 meses de cuarentena.

¿Cuánto tiempo es el tiempo? ¿Cada día, honestamente, tiene 24 horas? ¿Cuánto son 1.440 minutos? ¿Y un instante? 

¿Qué son los instantes?
Los instantes no vuelven.





No estás perdida si nadie te busca, no estás perdida si nadie te busca, no estás perdida. 

Estoy a la deriva en medio del océano, gritando auxilio sin que nadie me escuche. Cada ola me sacude con más pasión que la anterior. Pierdo la conciencia, pero no me ahogo. El futuro es una promesa que nadie sabe si puede mantener.  


"Solo espero que al volver, estén en su lugar las cosas que dejé", suena en mi reproductor.

No estás perdida si nadie te busca,
no estás perdida si nadie te busca.
No estás perdida.

30 de julio de 2020

De despedidas

Eres lo más bonito que he tenido y ni siquiera te conozco bien. Eres todo lo que quiero y jamás te voy a tener. Odio al tiempo por llegar temprano, tan sin avisar, antes de lo esperado.

Odio tener que dejarte ir sabiendo que nunca vas a regresar, odio no encontrar en mí la fuerza para hacer que te quedes, para abrazarnos y enamorarnos, para crecer de la mano. Entiéndeme, no es que no te quiera, es que no puedo darme el lujo de descubrir si al final de esta historia resulta que solo nos hacemos daño.

11 de mayo de 2020

Creaciones

Y me guiñas a lo lejos cuando sabes que te miro, y me pregunto si estos instantes, mientras tocas guitarra en medio de una conversación absurdamente profunda sobre las mujeres, la vida y el amor a media noche permanecerán en mi memoria el día que seamos cenizas. 

Si hace siete meses me hubiesen dicho que estaría aquí sentada hoy con un trago de ron en la mano, hubiese pensado que todo era una locura o un mal sueño. Pero, en cambio hoy, no quisiera estar en ningún otro lugar que compartiendo un sofá individual mientras vemos a Jhonny Deep en su versión más sensual y romántica. 

¿Hasta cuándo tiene sentido escapar? ¿Pueden estar tres personas, a un metro de distancia, cada una creando una pieza diferente? ¿Acaso una pandemia tiene sentido? ¿Quiénes somos?

25 de marzo de 2020

Cuarentena

Sin cobijas me levanto de esta cama vacía, el sol lo ilumina todo en este cuarto y yo me harto de este vacío extraño. Desayuno un poco. Leo un libro, miro el cielo, en este encierro sobra el tiempo. Termina el día, cinco tragos y de regreso al mismo cuarto vacío.

23 de marzo de 2020

Huir

Recuerdo que una vez, hace muchos años, escribí que "me gustan las jaulas porque me hacen sentir segura". Cuánto ha cambiado todo desde entonces. Antes me encerraba entre mis cuatro paredes para esquivar el miedo, la ansiedad, el exterior. Hoy son esas mismas cuatro paredes las que me mantienen en un encierro impuesto e incomprensible, esas mismas ventanas las que parecen tener barrotes que antes no veía, ese mismo aire que parece intoxicarme. Lo único que sé es que sigo queriendo huir de mi propia vida. 

21 de marzo de 2020

Mi vecina

Siempre me he preguntado por qué mi vecina se quedó para siempre en esa casa desolada. Por qué nunca dejó a un marido que el día que su hermano murió, prefirió quedarse arreglando el jardín que acompañarla; por qué se quedó en casa con un hijo que le grita "mamá, eres un puto fastidio, déjanos en paz". A veces los escucho discutir en las noches, los oigo gritarse desde la cocina hasta la sala, el portón cuando se encierra en el cuarto. Y me la imagino llorando entre cuatro minúsculas paredes. ¿Por qué nos quedamos en lugares donde no nos quieren cuando todos merecemos amor? 

Otras veces me pregunto si ellos saben que los escucho cuando gritan. Cuando me la tropiezo en el ascensor, y por descuido le sonrío, trato de adivinar en sus ojos si es feliz en esa casa que seguramente llama hogar. A veces no hace falta estar solos para sentir la soledad. Otras veces, las paredes y ventanas de una casa se sienten como rejas de las que no puedes salir. 


¿Cuántas maneras tiene el maltrato 
de hacerse presente en la vida de una persona? 


Debo pensar que si yo los escucho cuando gritan, ellos también me pueden escuchar cuando peleo por teléfono, cuando grito, cuando lloro desolada en el sofá. Los dolores momentáneos no suprimen la felicidad, ¿es por eso que se queda? 

Creo que nunca tendré la valentía para entrometerme en su vida y preguntarle si, al menos una vez al día, se siente feliz. ¿Aunque sea a veces? Porque yo lo que conozco, como dice Benedetti, es su casa vista desde afuera. Pero quizás, después de los gritos, se disculpan y se vuelven a querer. Y son felices, todos juntos. Y son una familia. Tal vez por eso se queda. 

O, tal vez, ni siquiera se da cuenta. 
De lo que le falta,
de los amores a medias, 
de las no-ganas, 
de los mensajes,
de la falta de mensajes, 
del dolor inmensurable. 

19 de marzo de 2020

Tú no sabes lo que es tener el corazón roto, me dijeron.

Perfectamente sé lo que se siente tener el corazón roto. Principalmente es de lo que más jode mi vida. No solo una vez me han echado al cajón del olvido. Yo sé bien lo que es eso, que te dejen de querer de un día para otro y se marchen sin siquiera darte una explicación. Conozco de sobra qué es llorar durante largas noches y madrugadas. A mí también me prometieron el típico, sobrevalorado y ya nada creíble "por siempre". Sé lo que es perder todo lo que te quedaba de dignidad enviando un mensaje donde jamás se recibió una respuesta, o esas dos llamadas a su celular que jamás fueron contestadas.

Yo también quise insistir en reconstruir algo que ya no tenía lugar; quise esperar a ese alguien que nunca iba a regresar, quise seguir pensando en una persona, a sabiendas que sus pensamientos ya eran para alguien más; también conocí esa sensación de ahogo al enterarme de mentiras que en el fondo ya sabía y me negaba a aceptar. Sé también lo que es sentir ese enorme vacío en el corazón; yo también he releído cartas por mero masoquismo, sintiendo como con cada oración la tristeza y el dolor invadían mi cuerpo, como las lágrimas manchaban mis mejillas.

Él empezó a ser feliz cuando me desaparecí de su inmejorable y dichosa vida; por ello cuando alguien me pregunta al respecto prefiero no decir nada, porque es una pena que se enteren que yo soy la persona más fácil de olvidar de este retorcido mundo.