Me he despertado entre lágrimas de un sueño. En mi sueño dejabas a un lado tus miedos y venías por mí. Venías como si nunca lo hubieses
dudado y me permitías borrar todo rastro de mi labial con tu cuello, y sin pensarlo,
me arrancabas el orgullo —y la falda— a versos.
He soñado que entre beso y beso descubrías cada una de mis
curvas y cada constelación que habita en mi piel. He soñado que las yemas de
mis dedos se sabían de memoria el trayecto, y mi boca, cada sabor.
Y sonábamos al unísono.
He soñado que noche a noche y día a día desnudabas mi alma y conocías cada uno de los recovecos que nadie me había llenado. Soñé que me
desnudaba, y con saliva me curabas cada herida de bala que yo no disparé.
Soñé que éramos valientes y no dejábamos que los miedos ni
los cuentos evitaran que escribiéramos la historia más bonita que se ha escrito
jamás. Soñé que te quedabas.
Pero solo era eso: un sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario